· ¿Postergamos los sueños o los creamos? ·

Un amigo me contó que arrastraba un deseo muy sentido, pero, dijo que prefería conservarlo como un sueño, una fantasía en la que recrearse a gusto cuándo quisiera y cómo quisiera... porque se moriría de tristeza si finalmente la historia, no salía bien.

Enseguida sentí deseos de charlar con él, consciente de que los sueños que sólo viven en nuestra mente, no hacen más que adormecernos, dejarnos lánguidas/os y sin energía. Los sueños, los deseos, las ilusiones... son ni más ni menos que nuestras más profundas necesidades, empujando hacia afuera, con fuerzas y ganas de hacerse realidad. Los deseos, aquello que anhelamos o pretendemos, convocan en nuestra mente una danza de visiones seductoras que nos resultan perfectas, con la intensión de cautivarnos totalmente y estimularnos lo suficiente como para que nos pongamos en marcha y seamos capaces de crearlos, concretarlos en nuestra vida, para que nosotras/os vivamos en ellos, y no ellos en nosotras/os. Materializar las ilusiones, realizarlas, 'crearlas', traerlas a convivir con nosotras, es el fin último de toda fantasía.

La imaginación, es una herramienta necesaria para planear y evaluar las formas y los modos de concebir y crear algo. Siempre que queremos hacer algo, buscamos una imagen, una idea acerca de 'cómo sería'. Cuanto más importante, valioso y comprometido sea eso que deseamos hacer, más acentuado y cuidadoso será el proceso de imaginarlo previamente.

Hay un ejemplo que todas/os conocemos muy bien: y es el momento en que hemos deseado tener una pareja. Cuando tenemos que cubrir esta necesidad, vamos por la vida con nuestras antenas bien activas, intentando detectar cualquier posible candidato/a; y cuando por fin lo encontramos, se detona nuestra imaginación con toda suerte de escenas y ámbitos donde resolvemos aquello que quisiéramos tener en la vida real. Es indudable que sólo con esto, no nos alcanza. Si redujéramos el proceso de creación a su fase de boceto, jamás tendríamos con nosotros nuestra obra concluida, nos quedaríamos sin pareja! ...o con algo que no era lo soñado.

La vida se construye con el componente emocional de la creatividad, porque mientras vivimos vamos dando respuestas a cada paso, creándolas ante cada circunstancia. Nuestra capacidad creadora, y su estado de salud, es la que nos dará más o menos recursos, 'ideas', a la hora de acometer la materialización de los deseos y proyectos. A veces pensamos que ser creativo es tener capacidad para escribir un libro, pintar un cuadro, diseñar un vestido, decorar una casa o construir una gran empresa; y sí, pero además ser creativo es sencillamente tener capacidad para reaccionar ante todos los estímulos que se nos presentan, vinculándonos con el entorno y adaptándonos desde el sentimiento más oportuno, el que mejor se entienda con lo que hay alrededor... y así poder crear la respuesta más afectiva, original, movilizadora y constructiva. La creatividad como herramienta emocional no está sola en la tarea, necesita de la intuición, las ilusiones o sueños, la adaptabilidad o sensibilidad, la energía de la vitalidad, las cosechas de la experiencia que son nuestro propio aprendizaje, también todo el grupo de emociones que nos ayudan a decidir en su versión positiva, y a la hora de actuar, fundamentalmente, valor, que no es ni más ni menos que el miedo cuando está sano.

Claro que una/o puede utilizar la imaginación que es un recurso de la creatividad, para montarse una buena película con la que darle calor al alma en algunas ocasiones, una panzada de bombones con nueces y dulce de leche; pero sabemos sobradamente que luego, la realidad circundante vuelve a ser un páramo frío y estéril si no conseguimos nada más. Los sueños son necesidades del alma, los sentimos con fuerza porque nos hacen falta, cualesquiera que sean, viajar, aprender a cocinar, hacer una huerta, unos calcetines o una travesía con esquíes por Laponia... si nos tiran con fuerza, es porque hay que ir por ahí.

El problema está en cómo conseguirlo.

La mayoría de las personas adultas, llevamos unas cuantas ilusiones guardadas en los bolsillos. Algunas veces, aunque ponemos empeño en darles forma y crearlas, no nos salen, empezamos y se nos tuercen los planes, o nos perdemos en cientos de obligaciones aparentemente prioritarias; otras veces, nos sentimos incitadas/os a creer que en un futuro se darán las condiciones favorables para arremeter a realizarlas... y mientras tanto se nos va gastando el tiempo y la energía en cosas que no nos interesan casi nada. Otras veces ni siquiera eso, porque nos hemos resignado y sucumbido a lo que hay, tentadas por la comodidad y una supuesta seguridad con la que compensamos el miedo. Y resulta que para que podamos sentir que nuestra vida es totalmente nuestra, sí o sí las personas necesitamos crear nuestra vida en función de nuestras necesidades, reaccionando, y haciendo lo que más deseamos, de la mejor manera, hasta que sea una manifestación cargada de significado!

Cuando las personas nos encontramos limitadas a una única elección, cuando la vida se nos sirve sin posibilidades de resolver, cuando estamos obligas a no actuar, no hacer, no decir ni decidir... nos volvemos insensibles para que no nos duela lo que no nos gusta; y entonces la creatividad se aletarga en un rincón del alma. Las mujeres sabemos mucho de este atroz proceso de represión. Pero, además de tomar las flores de Bach, las que nos hagan falta, y Clematis en particular, que nos ayudará a bajarnos de las nubes, y con los pies en la tierra empezar a resolver las ideas y proyectos que sólo habitan en nuestra mente, podemos aprender a identificar tres procesos fuertemente relacionados con la falta de materialización y creación de los sueños. Este conjunto de medidas nos ayudará, como decía Bach, 'ser los capitanes de nuestro propio barco'.

  • Primero: '¿El flujo creativo está envenenado?'.
    Tendremos que revisar nuestra vida, y averiguar si hemos recibido toxinas, agentes contaminantes que hayan envenenado nuestro flujo ideador, 'el río bajo el río que fluye incesantemente hacia nuestra vida', como dice Clarissa Pinkola Estés*. La creatividad, la capacidad de idear y materializar nuestros sueños, es algo que está en todas/os, es una fuerza que surge desde dentro y para el alma. Nada puede detenerla en principio, es una herramienta emocional, vital para que nuestro crecimiento logre ser pleno y saludable. Sin embargo, cuando las personas no tenemos las circunstancias propicias, ni los apoyos necesarios, cuando en lugar de halagos y piropos hemos recibido críticas y censura, cuando en vez de ánimos nos han propinado burlas, ridiculización, desprecio, incluso a veces golpes y hasta terribles golpes... sin que ningún apoyo defensivo se haya alzado en nuestro nombre (Rock rose y Star of Bethlehem); cuando el cariño ha sido poco y el dolor no se ha curado... entonces es muy probable que nos sintamos inseguras (Mimulus), poco o nada valiosas (Crab apple) y estemos convencidas de que vamos a fracasar antes de empezar (Larch). Estos sentimientos, manifestándose así, en su versión negativa, bloquearán el flujo de la creatividad. E infinidad de veces, ni siquiera seremos conscientes de estar en este estado. Toda niña/o, necesita que sus padres le dediquen amor, palabras lindas y aplausos incluso a sus intentos fallidos. Porque los resultados en esa etapa de la vida no son lo más importante, lo transcendente es forjarle una sólida autoestima que le permita sostenerse de pie en el futuro, con dignidad y fe en sí misma/o. De lo contrario, comprobaremos lo fácil que es convertirnos en alguien inestable (Scleranthus), iracundo/a (Holly) y enloquecer, explotar (Cherry plum), desde donde sólo haremos sabotear, excluir y despreciar nuestras propias obras, y literalmente destruir lo que haya nacido, lo que sea que hayamos creado (Cherry plum). Logrando luego, sólo sentirnos culpables, responsables de todo lo que está mal y sale mal (Pine). Cerrando así un círculo de auto condena y destrucción, del que es muy difícil salir para adelante y crecer. Con el cuento de 'La llorona', Clarissa Pinkola Estés, explica alegóricamente este proceso y sus consecuencias y nos enseña otras medidas prácticas que podemos acometer para descontaminar el río de la creatividad, además del recurso de las flores de Bach. En la misma línea nos puede enriquecer el cuento de 'El patito feo', ya que identificar los ambientes y las personas que son toxicas para nosotras/os, tiene que motivarnos a buscar el ámbito y las personas con las que nos identifiquemos, aquellas que nos apoyen y nos sean afines. Incluso el cuento de 'La mujer esqueleto', o 'Las zapatillas rojas' nos pueden resultar inspiradores.
  • Segundo: '¿Desperdiciamos el fuego creativo?'.
    Tendremos que detenernos en nuestro momento actual y valorar cuantos de nuestros auténticos y más sentidos proyectos hemos podido sacar adelante. Habrá que echar una mirada en profundidad al proceso creador en sí mismo, ya que este consta de dos fases, 'la ideación y la materialización de la idea'. Esto lo sabe muy bien nuestra sociedad y sus leyes, si alguien tiene una idea, por muy buena que sea, no la puede patentar. Para hacerlo tiene que demostrar que idea es viable en el mundo real, tiene que realizarla, y tiene que valer para lo que dice que vale. Entonces, y aunque el producto final sea algo totalmente inútil, en términos prácticos, materiales o comerciales, podrá registrarla. Si para nuestra sociedad materialista es así, imaginaros cuánto más para nuestra alma, para quien estos términos no son en absoluto lo más importante. La fundamental para el alma, es que la realización de nuestros sueños nos produzca placer, alegría, felicidad, bienestar, satisfacción, enaltecimiento, que nos alimenten por dentro, que nos den calor... porque de esto depende algo muy importante, nuestra supervivencia en el sentido de estabilidad y conservación de la unidad. Y a menudo no nos damos cuenta, pero hay circunstancias en las que lo único que nos brinda un espacio de placer, son los momentos en los que nos evadimos de la situación que estamos viviendo, con las fantasías, porque lo que tenemos no nos resulta fácil, motivante o esperanzador. Entonces nos recreamos en un sin fin de ideas, planes e intenciones que sólo existen en nuestra imaginación, y que jamás llegamos a convertir en algo real (Clematis). Esta es la creatividad en su versión negativa. Vamos por la vida despistados y ausentes y el mayor peligro de este fascinante fuego encendido, es que nos embelese de tal manera que no seamos capaces de reconocer la fase de resignación que se ha apropiado de nuestras vidas. Esa, desde donde asumimos lo que hay, como lo que toca vivir, sin ninguna posibilidad de implementar cambio alguno para nuestra existencia (Wild rose). Para cuando este peligroso estado se enquista, hemos pasado por una fase de ausencia de aprendizaje (Chestnut bud), en la que no somos capaces de sacarle partido a la experiencia y tropezamos una y otra vez con la misma piedra, antes de lograr verla. Por algún motivo nuestro instinto y nuestros sentidos se han asustado (Rock rose), algo ha sido demasiado fuerte para nuestra sensibilidad (Star of Bethlehem), y nos adaptamos mal (Walnut), nos acomodamos sin buscar salidas porque el propio fuego ha consumido nuestra energía hasta debilitarnos peligrosamente, nos ha dejado perezosas y desvitalizadas (Hornbeam), a merced de los acontecimientos exteriores. Clarissa Pinkola Estés nos explica alegóricamente este proceso y sus consecuencias con el cuento de 'La vendedora de cerillas' y nos enseña a observar aspectos importantes de nuestra conducta, facilitando el proceso de concienciación al que ya nos introducen las flores de Bach, para aprender a mantener vivo el fuego creador a través de la realización, y así poder aprovecharlo en nuestro propio beneficio. En la misma línea puede resultarnos motivante leer el cuento de 'Vasalisa', centrado principalmente en analizar la función de la intuición y la importancia de movernos conociendo nuestro rumbo.
  • Tercero: '¿Estamos dispersas, agotadas y tal vez desesperadas?'.
    Nuevamente tendremos que detenernos en nuestro aquí y ahora y revisar nuestros niveles de energía, estrés y concentración. Miremos por ejemplo en qué estado acabamos el día, somos capaces de sostener nuestra actividad hasta el final, o hacia la tarde comenzamos a arrastramos. Conozco a muchas mujeres que en su afán de demostrase a sí mismas y al mundo lo bien que lo hacen todo, se sobrecargan de actividades (Elm, Oak), que intentan hacer con una perfección que nadie les exige (Beech), sólo ellas. Corren a lo largo del día intentando llegar a todos sus objetivos, corren hasta desconocer otra forma de hacer las cosas (Impatiens). Y cuando por fin llega el final de la carrera, la entrada a casa las sorprende exhaustas (Olive), con poca o ninguna posibilidad de ser tolerantes o pacientes con los que más ama. Y aunque lo último que desean es perder los nervios y no estar a la altura de lo que exigen las últimas tareas, les resulta imposible no explotar y echar a perder todos sus méritos (Cherry plum). El proceso destructivo está servido. Luego aparece la culpa por no haber sido capaces de hacerlo todo y además bien, hemos fallado (Pine). Desde aquí es imposible concentrarnos y sacar adelante lo que más deseamos. Estamos más pendientes del ego y todo lo de afuera, que de las suplicas del alma. Y aunque escuchemos sus encargos, nuestra energía está tan dispersa y deteriorada, que los sueños se nos mueren dentro y nos llenan de dolor. Cuando llegamos a este estado, la única posibilidad de solucionar los problemas, es descansando y soltando. Necesitamos recargar las pilas del organismo, y para eso hay que parar, dejarse cuidar y absorber todo el calor que podamos. Hay que tomarse el tiempo que sea necesario hasta alcanzar la renovación. Es fundamental que alguien vele por nosotras, no es necesario que sea alguien de afuera, la figura de la madre-abuela sabia que todo lo cuida bien, la llevamos dentro. Es la forma más nutritiva que existe de renovación, nos mima, nos arropa, nos ama, y no nos deja ponernos en movimiento hasta que estamos recuperadas (Olive). El momento de la acción llega cuando estamos listas para reconocer que necesitamos soltar alguna de nuestras múltiples tareas. Algo hay que dejar. Si hemos llegado hasta ese estado es porque estamos haciendo más de la cuenta. Y eso sólo se ve cuando somos capaces de parar y descansar. Las personas solemos apreciar esta necesidad cuando llega el verano y las vacaciones nos ponen a distancia de las obligaciones, nos relajamos, descansamos y solemos encontrar algo de tiempo para hacer algún plan ideal... suele ser tan reconfortante y estimulante, que el regreso a la rutina nos sorprende con una consciencia absoluta sobre los excesos de tareas y ritmos desbordantes; o bien sobre el desvinculo afectivo que tenemos con lo que hacemos. Y la consecuencia es esa conocida depresión por la que todas/os hemos pasado alguna vez. Pero sin los recursos y los apoyos necesarios, suele tornarse muy difícil vencer la inercia de este ciclo que nos consume vivos. Clarissa describe bellamente este proceso en el cuento de "Los tres cabellos de oro".

La vida es creación, crecimiento interno que nos llena de fuerza para expandirnos tanto como nuestro potencial lo permita. Cada ciclo creativo se nutre de una musa inspiradora, pero tenemos que poder zambullirnos dentro y concentrarnos. El alimento que más escasea en esta época para iniciar este proceso, es el tiempo, lo dedicamos todo a las obligaciones y las distracciones. Sin el tiempo necesario para observar, encontrar, inspirarnos e incubar la idea, jamás llegaremos al punto de partida de la concreción, que es organizarnos, empezar y tener la constancia para llevar nuestro proyecto hasta el final. Necesitamos tiempo para estar con nosotros/as mismas. Para saber qué queremos hacer y cómo lo vamos a hacer. Para tomar las decisiones que nos permitan sentir que estamos en algo que es totalmente nuestro. Hacer nuestras propias ideas es lo más nutritivo, porque nos da sentido de pertenencia, y junto con el afecto que generan nos permiten asumir nuestro propio gobierno y convertirnos en nosotros mismos; no en la idea de los demás. La única forma de saber quién somos, en buscando en nuestro interior, cuando logramos escucharnos y hacernos conscientes de nuestras necesidades, estamos en condiciones de libremente construirnos, crearnos, y convertirnos en quien de verdad somos.

Talía Lino
Homeópata y terapeuta floral Bach

*Clarissa Pinkola Estés: 'Mujeres que corren con los lobos'.