· HOMEOPATÍA: La realidad que sostiene viva y en auge a la terapia homeopática. ·

Charla divulgativa - 08-noviembre-2018 de 18 a 20hs. - 2. Parte del artículo

En la búsqueda de acercar investigación y respuestas a aquella parte de la sociedad, interesada en la homeopatía (incluida en la MTC), he organizado una charla divulgativa.

Quiero destacar, que los usuarios de las terapias alternativas, estamos respaldados por las recomendaciones de la OMS sobre Medicina Tradicional y Complementaria (MTC) 2014-2023. La OMS establece como marco de referencia para los Estados Miembros, 'prestar apoyo para que APROVECHEN LA CONTRIBUCIÓN DE LA MTC a la salud, el bienestar y la ATENCIÓN DE LA SALUD CENTRADA EN LAS PERSONAS'. E insta a las autoridades sanitarias a encontrar soluciones que favorezcan tal y como cita: 'UNA VISIÓN MÁS AMPLIA respecto de los métodos desde donde mejorar la salud y FAVORECER LA AUTONOMÍA DE LAS PERSONAS'.

Y en virtud de los continuos ataques a los que ha sido y sigue siendo sometida la homeopatía en España, tanto por el gobierno como por el colectivo médico y la prensa en general, continúo con la reflexión iniciada la semana pasada, abordando ahora:

  • la realidad que sostiene viva y en auge a la terapia homeopática.

La próxima semana publicaré:

  • la respuesta de la UE a España, en relación su planteo de prohibir la importación de remedios homeopáticos.

¿Cuál es la realidad que sostiene viva y en auge a la homeopatía?

Este es un punto muy importante, ya que desde luego, alguna explicación tiene que haber, para que las personas, más allá de tener pagada su seguridad social y disponer de atención sanitaria 'gratuita', decidan salir a buscar 'otra cosa', una opción diferente a la que ya tenemos. Y segundo, el hecho de que a pesar de que esto suponga un gasto añadido, estén dispuestas a asumirlo (teniendo en cuenta también que una gran cantidad de personas que desearían esta opción, no pueden permitírsela). Se hace evidente que algo tiene que ofrecer la homeopatía y el resto de medicinas tradicionales y complementarias (MTC), que no nos ofrece la sanidad pública española.

¿Qué sentimos necesidad de atender y solucionar mayoritariamente las personas, que no cubre la seguridad social?

Para abordarlo me voy a valer de las sensibles palabras que dirige un médico a la sociedad, a través de una carta hecha pública en una revista.

"No hacen falta tantos médicos. Lo sé porque soy uno de ellos. Cada día veo a cuarenta pacientes y utilizo el fonendo solo tres o cuatro veces. En cambio escucho problemas: tristeza, soledad, aislamiento, reproches, baja autoestima, insatisfacción. Padres y madres que no ven cómo sacar adelante a sus hijos, y no solo en lo económico. Abuelas que vuelven a hacer de madres, con la mitad de fuerzas, y que cuidan a la vez de sus padres, y sin tiempo para ellas. Solas. Muy solas. Inmigrantes que llegaron soñando una vida mejor y han hallado una más complicada. El inicio de la consulta se parece a algo médico: dolor de cabeza, pérdida de apetito, cansancio, dolor de espalda... No tengo pastillas para eso. En cada centro de salud debería haber al menos tres psicólogos y tres trabajadores sociales que ayuden a aceptar la realidad, la sociedad real y actual que hemos creado, y a no ser tan infelices con ella. Que cada año se gradúen miles de ellos, no tantos médicos. Aún con seis años de carrera y cuatro de especialidad, nosotros no tenemos la solución. Aunque seamos 'gratis'".
(Carlos Fernández - Madrid- XL semanal, La carta premiada de la semana - diciembre 26 de 2017)

Cuando leí esta carta, me invadió de inmediato el sentimiento de impotencia que este médico deja ver a través del honesto recuento de su realidad diaria en la consulta. Deja claro que sólo usa su fonendo o estetoscopio con el 10% de sus pacientes, el resto no parecen necesitar atención a nivel físico, sino a nivel de 'problemas': "...tristeza, soledad, aislamiento, reproches, baja autoestima, insatisfacción". Está recogiendo los sentimientos que las personas vuelcan sobre su mesa. Todos sabemos que sentirnos mal es un problema, porque todos hemos pasado por la experiencia de registrar nuestras emociones cuando están contrariadas y sin posibilidad de retorno a su fase positiva, y sabemos de sobra que necesitamos mínimamente hablar de ello con alguien. El mundo de las emociones ha estado históricamente desatendido. Y no sólo eso, las emociones aún hoy, son una materia pendiente en todas las sociedades, y acerca de ellas, cuando están negativas y limitan nuestra vida, sólo se nos enseña a 'reprimirlas'. La famosa condición de 'autocontrol' que se supone que debemos ser capaces de sostener estoicamente, y pase lo que pase mostrar siempre buena cara, entereza y optimismo. Y ya sabemos que esto, no siempre lo logramos!

Habla también de una de las grandes tragedias de nuestros tiempos... "Abuelas que vuelven a hacer de madres, con la mitad de fuerzas, y que cuidan a la vez de sus padres, y sin tiempo para ellas. Solas. Muy solas. Y que cierto el hecho de que estas mujeres no tienen tiempo para ellas. Justo cuando ha llegado el momento de que el cuerpo haga menos, y el alma pueda contemplar y disfrutar lo que más desee, les está tocando sacar fuerzas y hacer lo que ya no toca. Pero los niños en el mejor de los casos pueden estar con sus abuelas. Porque muchísimas veces tendrán que estar con cuidadoras o en actividades extraescolares que los mantengan ocupados hasta que los padres y madres se liberen del trabajo. Todavía no sabemos qué consecuencia tendrá el desvinculo afectivo al que los estamos sometiendo, pero para ellos la nutrición afectiva está en déficit de horas y vivencias compartidas en el día a día con la madre y el padre, de eso no hay dudas. Y cualquiera de vosotros, vosotras, que tengáis hijos e hijas, sabéis además, el estado lamentable de nuestra energía hacía el final del día, cuando ya lo hemos dado casi todo en el trabajo y vamos a su encuentro. Este médico nos habla sobre estos padres y madres, cuando dice: "Padres y madres que no ven cómo sacar adelante a sus hijos, y no sólo en lo económico". Sus palabras ponen en evidencia la barrera emocional que está conteniendo el torbellino de necesidades, dudas y reclamos que tenemos sin resolver. Sentimientos que se gestan y apelotonan detrás de un muro invisible, escondido bajo una cara que se esfuerza por estar sonriente. Llegamos a este punto en gran medida cuando no tenemos el espacio adecuado ni el tiempo suficiente para alimentar afectivamente la relación con nuestros hijos e hijas e incluso con nuestra pareja.

Habla de la crisis de la inmigración. Conozco de cerca el resumen que presenta: "Inmigrantes que llegaron soñando una vida mejor y han hallado una más complicada". Existe incluso mucha gente que no ha huido de la pobreza o la guerra. Gente que ha escapado del dolor, del machismo, de la violencia normalizada, de la incomprensión y el mal trato. En todos los casos, el choque cultural y las barreras producen un nuevo tipo de dolor, tan difícil como cualquier otro dolor; el machismo también existe por aquí a pesar de ser ésta una sociedad tan antigua; la violencia tiene muchas caras, y pueden encontrarse con varias de ellas, la institucional a veces es la más dura. Ser una persona sin papeles representa una situación de alerta permanente, los inmigrantes de piel blanca, pelo rubio y ojos claros lo tienen más fácil, nadie los detiene en la calle, pero también sufren y se sienten mal, incomprendidos, discriminados, ninguneados... Parece increíble a veces, cuando uno recuerda que hubo un tiempo en el que fue Europa quien emigró en busca de mejores oportunidades.

Y entonces volvemos al punto de partida, el 'problema de sentirnos mal'. Porque cuando nos sentimos auténticamente bien, todo va bien. No nos detenemos a pensar en lo que puede fallar, lo que podemos no conseguir, no hay nada en nuestra mente insistiendo en que debemos resolverlo, sencillamente sentimos la vida, apreciamos su belleza, su magnificencia y la dejamos entrar por nuestros poros con alegría. Pero si nos sentimos mal, si algo no fluye en el plano inmaterial de las emociones, será difícil ir hacia adelante bien y con fuerza para luchar por lo que uno necesita, sueña y desea... y esto acabará repercutiendo en el cuerpo físico. A menos que seamos capaces de ver qué conducta/s emocional equivocada estamos repitiendo y sepamos cómo revertirla, cambiarla. Pero no a fuerza de autocontrol, sino de consciencia, y con ese entendimiento profundo que permite encontrar la causa de nuestro comportamiento erróneo y la forma de resolverlo. Esta es la clave de la homeopatía, esto es lo que la homeopatía está ofreciéndole a la sociedad, y es la verdadera razón por la que las personas que la han/hemos descubierto no queremos dejarla, ni que nos priven de la posibilidad de acceder a ella.

Samuel Hahnemann (1755-1843), el médico que descubrió el método terapéutico al que llamó homeopatía, definió que el origen de las enfermedades físicas está en esa condición de sentirnos mal y resistir sin atender las necesidades 'inmateriales' (como Hahnemann llamó a la energía que nos anima), haciendo lo que podemos hasta desvitalizarnos. Por tanto parece correcto eso que las personas espontáneamente hacen, cuando van a la consulta y nos cuentan cómo se siente con lo que la vida les ha puesto en el camino. Él nos lo explica de forma casi poética:

"En el estado sano de la persona, el poder vital como de índole espiritual (autocrático), actúa en forma ilimitada. Como Dynamis, anima al cuerpo material (organismo) y mantiene sus partes un estado armónico admirable en sensaciones y funciones. De este modo, nuestro juicioso espíritu puede utilizar libremente este instrumento vivo y sano, para los propósitos más elevados de nuestra existencia”.
S. HAHNEMANN, Órganon del Arte de Curar 2008 Bs. As. Pirra. Primera Parte Conceptos generales. Misión del médico. P 9

La homeopatía surge a principios del siglo XIX en medio de un proceso de cambio marcado por el surgimiento del racionalismo y la valides científica basada en la bacteriología, la experimentación con fármacos y el desarrollo tecnológico. Condicionantes que sirvieron para forjar la medicina que hoy conocemos. El racionalismo se impuso y marcó justamente el final del 'empirismo, un sistema filosófico' que permite validar y aceptar un conocimiento basándose en la observación de los resultados de la experiencia práctica.

"La homeopatía está basada en hechos y Hahnemann rechazaba toda explicación especulativa, [...] él prefería el trabajo y la experimentación rigurosa". "Si los hechos contradicen la razón, prefiero someterme a los hechos".
MURATA, S. (2012) Lecciones de homeopatía. Oviedo: Academia homeopática de Asturias. p 31

Desde el empirismo podemos aprobar a la homeopatía, porque millones de experiencias llevadas adelante con procesos patológicos agudos y crónicos, permiten mediante la observación práctica de los hechos, confirmar que este método terapéutico, cura. Qué sucede en el plano físico, no lo sabemos exactamente, no sabemos cómo llega a ser captado ese 'estímulo energético e inmaterial' que ofrece un remedio homeopático. Forma parte de los sucesos racionalmente inexplicables de nuestro siglo ¿Qué sistema lo detecta y le abre las puertas hasta llegar a permitir que los sistemas de autorregulación (homeostasis) se pongan en marcha y comiencen a revertir en el plano físico, los síntomas y signos de la enfermedad? Es un misterio, pero ocurre. Hemos evolucionado mucho, pero aún no tenemos respuestas a esto. En gran medida porque no se destinan presupuestos a investigar la metodología homeopática, en nuestro país 0 euro, sólo se la ha negado y vilipendiado. Y en otros países la partida presupuestaria para avanzar sobre esta línea de investigación es simbólica. En Reino Unido se invierte 0,0085% del presupuesto de la investigación médica a la medicina complementaria y alternativa. HARRER, B. (2015) Replication of an experiment on extremely diluted thyroxine and highland amphibians. Homeopathy, 102 (1), p 25–30

"La única y más elevada misión del médico es sanar a las personas enfermas. Esto se denomina curar".
S. HAHNEMANN, Órganon del Arte de Curar 2008 Bs. As. Pirra. Primera Parte Conceptos generales. Misión del médico. P 1

La homeopatía es la única metodología terapéutica diseñada para abordar la enfermedad física, vinculándola necesariamente con el conjunto de síntomas emocionales que la persona está padeciendo. Por ejemplo, un síntoma tan común hoy en día como el dolor de cabeza, requerirá para la elección del remedio homeopático que averigüe cómo se siente, nerviosa, estresada, agotada, presionada, sobrepasada, etc. ... y que conducta adopta la persona cuando le duele, necesita retirarse a un sitio tranquilo y estar sola o está nerviosa e irritable, o embotada y sin capacidad de entendimiento. Además de analizar cómo es el dolor, en la frente, en la nuca, en toda la cabeza o sólo la mitad. Es cómo un latido, cómo presión, está la cabeza caliente o fría. Tenemos cientos de remedios homeopáticos para tratar el dolor de cabeza. La homeopatía, al igual que todas las medicinas tradicionales y complementarias, ofrece eso que la OMS insta a los Estados Miembros a aprovechar, la posibilidad de brindar a la sociedad bienestar a través de una 'ATENCIÓN DE LA SALUD CENTRADA EN LAS PERSONAS'. La homeopatía ofrece a cada persona el remedio que mejor cubre sus personales necesidades, no cura enfermedades, cura personas enfermas. Y lo hace desde una perspectiva holística, como un todo, es decir, atendiendo al conjunto, la totalidad del individuo, en sus tres dimensiones, espiritual, energética y material. Cada ser humano es único, y su poder vital posee una forma única de respuesta para cada situación, y a su vez una particular capacidad de autorregulación. La enfermedad no es algo que nos viene de afuera, es un desorden de nuestra energía o poder vital. Y en todos los casos deberá ser ayudado hasta alcanzar el estado de salud.

"El enfermo relata el desarrollo de sus trastornos, los allegados informan sobre sus quejas, su comportamiento y sobre todo lo que ellos percibieron en él. El médico ve, escucha y observa mediante sus sentidos lo que le parece distinto e inusual. Escribe todo con las mismas expresiones que utilizan, el enfermo y sus allegados. En lo posible los deja hablar sin interrupciones..." [...] "...el médico, si siente que todavía no posee información suficiente podrá, más bien deberá, realizar preguntas más detalladas y particulares" [...] "¿...está malhumorado, peleador, apurado, lloroso, asustado, desesperado o triste, o bien confiado, relajado, etc. está somnoliento o quizás en estado inconsciente?"
S. HAHNEMANN, Órganon del Arte de Curar 2008 Bs. As. Pirra. Segunda Parte Principios de la Práctica Homeopáticos. P 84/89/90

Pero en el día a día, la realidad para la mayoría de las personas pasa porque ya se han aprendido esto que cita el médico Carlos Fernández en su carta: "El inicio de la consulta se parece a algo médico: dolor de cabeza, pérdida de apetito, cansancio, dolor de espalda... No tengo pastillas para eso". La medicina alopática no tiene pastillas para los pequeños males, ni siquiera tiene tiempo para escucharnos porque los médicos y medicas tienen demasiados 'pacientes' que ver cada día. Se invita a acudir a la consulta sólo cuando 'estamos mal de verdad '. Cuando en realidad, la verdadera medicina debería centrarse en la prevención. En la atención precoz. Y esta atención se basa en el cuidado de los síntomas emocionales, que son los dejan en evidencia la alteración de nuestro poder vital. Son los que nos avisan que algo va mal. Esto es algo que cualquier madre sabe sobradamente de forma instintiva, cuando a sus hijos e hijas pequeños se les cambia el humor, cuando de repente dejan estar como están siempre, saben perfectamente que en esa fase es en la que sus pequeños están por enfriarse, acatarrarse, coger anginas, dolor de tripas... y además saben qué síntomas son los que tienen más posibilidades de desarrollar. Las madres, han aprendido a desarrollar su empatía para sacar adelante a sus crías, y saben observar las situaciones. Y las madres que han aprendido a utilizar un botiquín homeopático, saben que estando pendientes de su estado de ánimo, su poder vital como lo llama Hahnemann, tienen posibilidades en fase temprana de cambio de humor, evitar de que sus hijos e hijas caigan enfermos. Ellas han aprendido a confiar en la homeopatía y saben que este recurso les asegura que crezcan fuertes y sanos sin necesidad de recurrir a remedios debilitantes que no atienden la verdadera causa de la enfermedad, e inducen a recidivas y cronificación de los síntomas físicos.

Sobre esto nos habla el médico gales Edward Bach, (1886/1936), cirujano, bacteriólogo, patólogo y homeópata, él nos dice:

"…la enfermedad no es material en su origen. La enfermedad es en esencia, el resultado de un conflicto entre el Alma y la Mente…” “La enfermedad no es otra cosa, que la consecuencia de una forma de actuar errónea, y el error está, en que nuestros pensamientos y nuestros actos, se apartan de los auténticos dictados de nuestro sentir interior”.
Edward Bach. Obras completas. Escritos y Conferencias.

Edward Bach continuó la obra de Hahnemann, y creó el más perfecto y completo sistema para la atención de la salud emocional de las personas, una serie de 38 remedios que sirven para restablecer el equilibrio emocional y favorecer desde allí la autorregulación de la salud física. La mejor condición que ofrece este sistema, es la de tratarse de un sistema de autoayuda, que a partir de un proceso de educación en el uso del método Bach, PERMITE A LAS PERSONAS APRENDER A TRATAR SU SALUD EMOCIONAL de forma independiente, sencilla, eficaz y segura.

Sería interesante que finalmente los Estados Miembros, todos, y en especial nuestro país, tuvieran a sus autoridades sanitarias dispuestas a encontrar soluciones que favorezcan verdaderamente como sugiere la OMS 'LA AUTONOMÍA DE LAS PERSONAS'. Es evidente que para ello las autoridades, los gobiernos, necesitarán abrir la mente, algo a lo que también les insta la OMS, 'UNA VISIÓN MÁS AMPLIA RESPECTO DE LOS MÉTODOS DESDE DONDE MEJORAR LA SALUD'. Tal vez sea cierto que ha llegado el momento de ser más honestos con la sociedad, haciendo política para las personas y no sólo para la economía Últimamente hemos visto demasiado esfuerzo en ayudar a las empresas y a los bancos, y no al consumidor. Ayer mismo 22 de octubre, el Tribunal Supremo ha aplazado hasta el próximo 5 de noviembre su decisión sobre el criterio que atribuye el impuesto de las hipotecas a la banca. Y todo porque desde que se conoció la noticia la banca ha perdido casi de 8.200 millones de capitalización en Bolsa. Las personas estamos cansadas de esto, no queremos permitirlo más, queremos que se nos escuche y si el modelo social, político y económico, tiene que cambiar para dar soluciones, que cambie. El acceso a la información y la posibilidad de comunicarnos masivamente, es lo que la revolución tecnológica y del conocimiento nos permite pedir en este siglo XXI.

"En el siglo XX [...] la física ha pasado por varias revoluciones conceptuales que han puesto de manifiesto las limitaciones de la visión mecanicista del mundo; por esta razón, ha llegado a una visión ecológica y orgánica del mundo muy similar a la de los místicos de todas las épocas y tradiciones". "El enfoque cartesiano ha tenido mucho éxito especialmente en el campo de la biología pero también ha limitado los posibles caminos de la investigación científica. El problema está en que los científicos, alentados por el éxito obtenido tratando a los organismos vivos como máquinas, tienden a creer que estos organismos son sólo máquinas. Las consecuencias negativas de esta falacia reduccionista se han vuelto clarísimas en la medicina; los médicos, suscritos a la imagen cartesiana del cuerpo humano como un mecanismo de relojería, no pueden entender muchas de las principales enfermedades presentes en el mundo de hoy".
F. CAPRA, El punto crucial. P 51/65.

Para cerrar esta reflexión, vuelvo a las palabras del médico Carlos Fernández, "En cada centro de salud debería haber al menos tres psicólogos y tres trabajadores sociales que ayuden..." hasta aquí es muy interesante lo que nos plantea, porque recoge la necesidad que ha observado de atender el cómo se sienten las personas con lo que la vida les da. Y es correcto pensar que son los psicólogos o los trabajadores sociales quienes mejor podrán ayudar. Aunque aquí he de agregar, que si estos tuvieran formación para ofrecer los remedios emocionales de Bach y más aún, para enseñar en los centros de salud a usar este sistema de autoayuda, sería perfecto. Estaríamos dando conocimiento al servicio de la prevención de enfermedades. La última parte de esta frase, "...a aceptar la realidad, la sociedad real y actual que hemos creado, y a no ser tan infelices con ella". entiendo que refleja una personal visualización de la solución a estos problemas, en una aceptación incuestionable de la sociedad que tenemos, de la realidad que nos hace sufrir, con la cual, según nos dice, deberíamos no ser tan infelices. En el lenguaje emocional esto se llama resignación. Y personalmente no creo que las personas debamos resignarnos a la dificultad que conlleva resolver los problemas, más de lo que ya lo hacemos. Todo lo contrario, las personas estamos buscando soluciones a nuestros sentimientos de insatisfacción, por eso recurrimos a las propuestas alternativas y complementarias de salud, y hay que seguir haciéndolo, porque cuando encontramos la manera de poner orden en nuestras emociones, en nuestro poder vital, logramos no sólo liberarnos de sentimientos negativos, sino también revertir aquellos hechos que nos producen dolor.

"Si conocemos las fuerzas impulsoras que motivan la conducta, no sólo comprenderemos la conducta presente sino que también podremos hacer conjeturas razonables. […] La primera Revolución Industrial se caracterizó por el hecho de que el hombre aprendió a sustituir la energía viva por la energía mecánica. […] A la primera Revolución Industrial sigue una segunda, de cuyo principio somos testigos en este momento. La caracteriza no sólo el hecho de que reemplaza la energía viva por la mecánica, sino que está reemplazando el pensamiento humano por el de las máquinas".
E. FROMM (1970) La Revolución de la Esperanza: hacia una tecnología humanizada. México: Fondo de Cultura Económica. p. 9/17/18.

Talía Lino