· BIENVENIDO OTOÑO: un nuevo ciclo de recogimiento ·



La llegada del otoño marca uno de los períodos más importantes desde el punto de vista de la medicina preventiva. Se trata de un cambio en el que pasamos de una época de bonanza, con buen tiempo y abundancia, a otra en la que las condiciones comienzan a ser cada día más rigurosas. Si observamos, podemos ver que todo en la naturaleza se repliega en esta época. Los árboles sueltan las hojas y algunos animales llegan a la condición extrema invernar. Lo cierto es que unos más otros menos, pero la naturaleza se refugia, manda su fuerza vital a las profundidades de la tierra. Como los árboles, que guardan su mayor dotación de savia en las raíces. Bajar el ritmo es la estrategia que manda el ciclo biológico natural en este momento, es muy acertada para hacer frente al frío y la escases de alimentos y luz que vendrá. Pero ya sabéis de sobra que los humanos, los más listos, nos saltamos este llamado. Encendemos la luz, ponemos la calefacción a tope... y nos exigimos trabajar y rendir, más que nunca.

El conflicto está servido. El antagonismo se vuelve muy intenso y se produce en todos los sentidos. En el verano la abundancia no sólo está representada por los innumerables frutos que nos ofrece la naturaleza, cosechas de granos, fruta, hortalizas... también por la abundancia de luz, que es energía. Y abundancia de tiempo, ya que aunque nos haya tocado trabajar, el día es largo, y la abundancia de energía se traduce en fuerza que nos permite funcionar más horas sin registrar cansancio. Por lo que, es posible ampliar la agenda de las actividades que hacemos por puro placer, siempre que lo queramos. En este sentido los niños y niñas son los que más registran este cambio, ya que en el verano disponen del día entero para hacer lo que más quieran hacer, principalmente quedar con los amigos y amigas, jugar a lo que más les guste, andar bici, ir a la pisci, o sencillamente perderse durante horas recorriendo la orilla del río.

Pero los primeros fríos y el agua que los acompaña, de la mano de un evidente descenso de la luminosidad e intensidad del sol y su benéfica carga, hacen que el cuerpo se recienta. Si a esto le sumamos el hecho inevitable de encontrarnos justamente dando inicio a nuestro ciclo lectivo. Lo que significa mayor presión en el trabajo para los adultos y volver al ritmo de las escuelas, institutos y universidades para los más jóvenes... el resultado es que nuestro sistema inmune se vuelve vulnerable y aparecen los primeros síntomas de catarros! Tos, dolor de garganta, de oídos, inflamación y congestión de las vías respiratorias en general y de los pulmones.

Pero ¿qué es lo que verdaderamente consigue que nuestro sistema inmune pierda su inmunidad y nos deje expuestos al ataque de los agentes patógenos...? que en realidad siempre están ahí, a nuestro alrededor. Ya sabemos que no toda la población enferma. ¿Quiénes serán los más vulnerables? Todas aquellas personas que se encuentren en mayor o menor medida en 'conflicto' con todas obligaciones que deberá asumir. Son muy pocas las que se sienten felices de acabar las vacaciones y regresar al ritmo intenso del trabajo y el estudio.

Deseamos 'defendernos' de tantos horarios, compromisos y exigencias. Ya que de pronto pasamos a registrar una gran tensión entre los sentimientos de bienestar que nos han aportado las vacaciones con sus posibilidades de hacer esas pequeñas actividades o tareas que tanto deseábamos hacer..., y la vuelta a la rutina. Los más pequeños son los más expuestos, ya que no hay cómo explicarles que no se puede seguir disfrutando de hacer cosas juntos durante el día entero. Y además, toca volver al cole. Pero claro, resulta imposible eludir las obligaciones, tanto para los pequeños, los jóvenes y los adultos. Así que allá vamos, cargados de sentimientos de impotencia, pereza, nostalgia, enfado, desilusión, resignación, incluso a veces desesperación y miedo...

Estos sentimientos necesitan ser acomodados, armonizados. Todos, todas necesitamos esa fase de adaptación que hoy al menos se la otorgamos a los más pequeñitos, permitiendo que su mamá o papá les acompañe a clase... y sólo por un ratito. ¡Qué bien nos vendría regresar a las obligaciones del trabajo de esta manera! En lugar de que tres o cuatro días antes ya nos estemos preocupando por todo lo que se nos habrá acumulado y tendremos que hacer. Es verdaderamente importante revisar qué sentimientos son los que quedan detonados y jugándonos en contra a la hora de asumir nuestra vuelta a las obligaciones. De lo contrario, esa necesidad no resuelta de 'defendernos', hará que nuestro sistema inmune deba asumir la batalla.

Aquí es donde las flores de Bach como remedios emocionales juegan un papel preventivo único. No sólo por el hecho de que 'no existen otros remedios emocionales como estos', que las personas puedan aprender a utilizar por sí mismas; si no que además, son el recurso más sencillo de preparar, con un método fácil de incorporar a la vida cotidiana y totalmente inocuo. Válido para usar en el ámbito familiar como el mejor recurso preventivo. Ya que atendemos las causa de la enfermedad, preservando el estado de salud.

Algunas flores que pueden ayudarnos en estas circunstancias:

  • Walnut: para adaptarnos a los cambios que llevamos mal.
  • Holly: para el enfado con aquellos a quienes sentimos culpables de nuestra situación.
  • Willow: si el enfado es con la vida.
  • Honeysuckle: para la nostalgia de los días felices.
  • Hornbeam: para la pereza.
  • Gentian: para la desilusión y tristeza.
  • Wild rose: para el sentimiento de resignación, cuando sabemos que deberíamos promover cambios en nuestra vida, y no continuar en la misma situación.
  • etc.,

 

Es importante recalcar, que cada uno de nosotros, nosotras, tenemos nuestra particular circunstancia, y a partir de ella, nuestra particular necesidad de atención emocional. No existen fórmulas fijas, sólo personas y circunstancias personales necesitadas de atención!!