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Cuando más prestigio tiene, abandona la medicina

Mientras residía en Dresde, su continua búsqueda de respuestas a tantos aspectos que la medicina deja sin atender, sintió que su mayor constatación era, que la medicina en su pretensión de curar, se valía de medios vagos e inciertos, la medicina que él mismo estaba practicando. Hahnemann sintió la necesidad de liberar su consciencia, y desde entonces ya no quiso ejercer una profesión donde todo era empírico, experimental, y no se sabía previamente qué le ocurriría al enfermo.

Un día de 1787, sin que previamente lo hubiera comentado, aviso sus clientes que abandonaba la práctica de la medicina. Se sentía profundamente decepcionado por los sistemas curativos que podía ofrecer. Entendía al ser humano según sus virtudes morales, su talento y su capacidad de comprensión, por lo que prefirió dejar de lado todos los honores y las retribuciones materiales, a ejercer un arte falso. Había sido siempre un hombre de corazón noble y recto, cuyo mayor bien consistía en el saber, y tanto sabía Hahnemann, que desde hacía un tiempo observaba con pesar, que la práctica clínica de la medicina tradicional carecía de base científica, se formulaba sin una ley orientadora, que pudiera prever el desarrollo de los acontecimientos. Desde donde él y el resto de los médicos, sólo podían vacilar, dudar y lo peor, hacer sufrir a los enfermos con estrategias que se parecían más a métodos de tortura que a curaciones verdaderas, donde los violentos cáusticos, las puntas de fuego para cauterizar, las sangrías, las vomitivas o las atroces reacciones de tantos remedios que eran en tantos casos los responsables de la muerte del paciente, eran prácticas comunes de la escuela clásica, con las que él, ya no deseaba relacionarse.

A esta situación se sumó la muerte de su amigo, de quien era su médico de cabecera. El sabía que no tenía respuestas para su enfermedad. Lo intento todo, utilizó incluso los llamados medicamentos heroicos, pero aún así su amigo falleció. Y con su muerte Hahnemann sepultó también las dudas que aún le quedaban sobre el valor de la medicina alopática.  Nos dice así: "Ocho años de práctica ejercida con escrupuloso cuidado, me hicieron conocer la ausencia del valor de los métodos curativos ordinarios. No sé, en virtud de mi triste experiencia, lo que se debe esperar de los preceptos de los grandes maestros". "Tal vez, sea propio de la medicina , como diversos autores ya lo han dicho, no conseguir alcanzar un cierto grado de seguridad".

Abandonó la profesión médica a pesar de obtener suficiente dinero como para proporcionarle riqueza a su esposa y a los cuatro hijos que en esa época poseía: Enriqueta, Federico, Guillermina y Amelia.

Y fue también en este momento, cuando importantes enfermedades sobrecogieron a sus hijos, que este hombre de fe, sintió:

"Existe un Dios que es todo bondad y sabiduría, que también debe haber creado un medio seguro para curar las enfermedades a las que nos enfrentaríamos"."¿Dónde pues encontrar recursos seguros? A mi derredor sólo encuentro tinieblas, desierto. Ningún consuelo para mi corazón oprimido". "¡Blasfemia! ¡Idea vergonzosa! ¿La infinita sabiduría del Espíritu que anima el Universo, no habría podido producir medios de combatir los sufrimientos causados por las enfermedades que Él mismo consintió que afligiesen a los hombres?" "La soberana paternal bondad de Aquel cuyo nombre jamás hombre alguno pudo designar dignamente, que proveyó con largueza a las necesidades de los animales invisibles, esparciendo en profusión la vida y el bienestar de toda creación, ¿sería capaz de un acto tiránico, no permitiendo que el hombre, pudiese encontrar, en la inmensidad de las cosas creadas, medios propios para librar a sus hermanos de sufrimientos muchas veces peores que la misma muerte?  Él, el Padre de todo lo que existe, ¿asistiría impasible al martirio a que las enfermedades condenan a las más queridas de sus criaturas, sin permitir al genio del hombre, a quién facilitó el poder de percibir y crear, encontrar una manera fácil y segura de curar las enfermedades interrogando a los medicamentos para saber en qué caso cada uno de ellos puede ser útil, con el fin de proporcionar un recurso real y preciso?"

"Renunciaré a todos los sistemas del mundo antes de permitir tal blasfemia. ¡No!, Hay un Dios Bueno, que es bondad y la sabiduría misma. Debe haber, pues, un medio creado por Él de atacar las enfermedades bajo su verdadero punto de vista y de curarlas con seguridad. Un medio que no esté oculto en las abstracciones sin fin, en las hipótesis, cuyas bases estén construidas por la imaginación"."¿Por qué ese medio no ha sido encontrado en los veinte o veinticinco siglos pasados cuando ya existían hombres que se decían médicos?". "Es porque está muy próximo y es muy fácil. Para llegar allá no se necesitan brillantes sofismas ni seductoras hipótesis." "Por tanto, como debe haber un medio seguro y cierto de curar, tal como hay un Dios, el más sabio y el mejor de los seres. Abandonaré el campo ingrato de las explicaciones ontológicas. No oiré más las opiniones arbitrarias aunque hayan sido reducidas a sistemas. ¡No me inclinaré delante de la autoridad de nombres célebres! Buscaré dónde se puede encontrar ese medio que nadie soñó, porque es muy sencillo; porque no aparece envuelto en coronas para los maestros en el arte de construir hipótesis y abstracciones escolásticas." (Pasajes de la carta que Hahnemann enviara a su amigo y condiscípulo el Dr. Hufeland en 1808.)

Hahnemann que pensaba en la ley de curación que era preciso encontrar, prefirió volver a su antiguo oficio de traductor, una profesión que le rendía muy poco dinero, insuficiente para mantener a su familia, pero le daba el consuelo moral de no engañar a su consciencia. Acto valiente, que cualquiera de nosotros sabe cuán lejos estamos de ser capaces de imitar.

La búsqueda de un método y la pobreza

En aquel tiempo ya, Hahnemann sabía que para usar con éxito las sustancias medicinales, era necesario conocer sus efectos sobre el organismo de un individuo sano. Y que toda  experiencia realizada sobre un organismo enfermo, era modificada por las invisibles influencias del mal. Teniendo como referencia este principio, tomó el camino de las ciencias naturales, esperando encontrar señales que le indicaran por donde enfocar su trabajo. Si algo le definía era su perseverancia, que a pesar de la pobreza, se mantuvo inquebrantable. Antes que él, nadie se interrogó acerca del origen de las reacciones violentas, que los principios activos promueven en el organismo, conocidos hoy en día como efectos secundarios. Los médicos se limitaban a observar la lucha entre el remedio y el organismo, a la espera de un desenlace final. Pero Hahnemann se preguntaba, "De dónde provenían esas crisis artificiales que tantas veces ponían la vida del enfermo en peligro". Los fenómenos observados eran muy diferentes y numerosos. El peor de los errores entendía Hahnemann, era tomar el efecto por causa.

Estando enfermo uno de sus hijos, libró un fuerte debate interno ya que necesitaba curarlo, pero se resistía a practicar la medicina que él mismo había condenado. En estos momentos le invadió el impulso de utilizar un remedio, con el que, sin saber cómo ni por qué, logro la mejoría. No podía explicar porqué se había producido la curación, pero este evento emocionalmente significativo, le infundió el ánimo que hace falta para estudiar, investigar y descubrir algo que él no sabía qué era, pero sabía que existía: "Una ley racional de curación".

Todas las clasificaciones de la materia médica como: medicamentos purgativos, diuréticos, antiespasmódicos, astringentes, sedativos, estimulantes, afrodisíacos, expectorantes, emolientes, analépticos, tónicos, revulsivos, sialagogos, antitérmicos, etc., etc., fueron abandonados por Hahnemann, ya que no expresan otra cosa más que aquella reacción más relevante que son capaces de producir, pero en definitiva, una idea equivocada de la enfermedad. Si un enfermo no orinaba, se le indicaba un diurético, si padecía estreñimiento, se le daba un purgativo, si se presentaba la fiebre, correspondía un antitérmico, de la misma manera que tristemente continúa haciendo hoy en día la medicina clásica o alopática. Suprimiendo un síntoma físico, que sólo es una reacción orgánica de adaptación a un mal interno mayor, mientras el enfermo continúa abandonado a una continua debilitación física producida por los medicamentos. Todo esto era contrario a su entendimiento racional sobre la enfermedad y los remedios. La primera base sólida de su investigación se fundamentó en la comprensión  de la función dinámica del medicamento, y no estática, y se abocó al entendimiento y aprendizaje  de este hecho.

Y su trabajo fue recompensado, ya que en medio de la pobreza, Hahnemann encontró  "las primeras sospechas sobre una ley racional de curación".

Una Ley Terapéutica

En 1790, Hahnemann traduce del inglés al alemán, la Materia Médica de William Cullen, un importante médico escocés. Pero Hahnemann en su trabajo de traductor no se limitaba sólo a traducir, sino que estudiaba y reflexionaba sobre aquello que leía, e iba añadiendo gran cantidad de comentarios, notas de todo tipo y críticas. De aquí que un pasaje del libro de Cullen llamara su atención de manera especial, porque intentaba explicar la acción de la China o quinquina para "curar las fiebres intermitentes", según vagas y contradictorias explicaciones, en las que decía: "la china cura la calentura porque siendo amarga cría en el estómago del enfermo una sustancia contraria capaz de apaciguarla". Esta incoherencia incitó a Hahnemann a experimentar en sí mismo los efectos de la China, mediante un nuevo método de experimentación que no había sido realizado por nadie antes: la experimentación en el hombre sano.  Hoy en día prohibida por ley, dificultando comprobar las experimentaciones de las patogenesias de estos remedios, tal como lo hiciera Hahnemann.

Como mientras tanto Hahnemann no podía dejar de traducir para tener algo de dinero, los resultados de sus experimentos aparecieron en una nota del segundo volumen de dicha materia médica. Dice de la siguiente manera: "Tomé, para experimentar, dos veces por día, cuatro dracmas (un dracma es equivalente a 3,24 gramos) de pura China* (o Quinquina). Mis pies, extremidades de los dedos etc., tornáronse primeramente fríos; me sentí somnoliento y lánguido, mientras mi corazón palpitaba; temblaba sin que estuviésemos en la época de frío; postración en todo el cuerpo, en todos mis miembros; pulsaciones en la cabeza, enrojecimiento de mis mejillas; sed; y finalmente todos esos síntomas característicos de la fiebre intermitente, aparecieron unos después de otros, aunque sin el peculiar y riguroso frío. Estos paroxismos presentaban la duración de 3 a 4 horas en cada vez, y reaparecían si yo tomaba la dosis de la misma manera. Dejé de tomar la China y la salud volvió".

Luego del experimento, Hahnemann pasó al análisis y la síntesis. Y reflexiona este tema consigo mismo de la siguiente manera: "...tú debes, pensé, observar la manera de actuar de los medicamentos en el organismo del hombre cuando él se encuentra en la placidez de la salud. Los cambios que los medicamentos determinan no serán vanos, y deben seguramente, significar alguna cosa. Si no fuere así, ¿por qué razón se producirían? Tal vez sea este el único lenguaje por medio del cual puedan expresar al observador, el fin de su existencia".  Estas reflexiones encierran en valor incalculable, ya que es justamente en el camino de estas observaciones y confirmaciones donde encontrará las respuestas a lo que estaba buscando.

Ninguno de los sistemas hasta entonces inventados podía explicar la curación que la China producía. Pero ahora con su experimento podía plantearse lo siguiente: "¿La China no deberá la acción antifebrífuga que manifiesta, a que produce una afección semejante?". Ya que Hahnemann había observado que en la persona sana (él mismo), había producido un estado febril de características idénticas a las que manifiesta la fiebre intermitente que cura.  Dispuesto a confirmar la validez de su experimento, participó del mismo a sus amigos, y muchos de ellos estuvieron entonces dispuestos a ayudarle con nuevas experimentaciones. Seguidamente estudió el azufre, el mercurio, la belladona, la digital, la ipecacuana, etc., y cada nuevo experimento era una confirmación de las conclusiones extraídas del primero. También estudió la plata, el oro, el lycopodio, el cloruro de sodio, etc., productos minerales, vegetales y animales, en los que siempre arribó a la confirmación de la infalible ley terapéutica que presintiera y que más adelante formularía de forma completa.

En este momento confirma que cada medicamento presenta: "Síntomas variados y de diferentes intensidades, tanto en plano psíquico como físico, y que estos son característicos de cada sustancias experimentada". Inmediata y consecuentemente, comienza a elaborar conclusiones comparando los resultados de sus experimentos con las curaciones que las mismas sustancias realizaban, y en función de estas conclusiones,  seis años después de iniciada su investigación, ofreció al mundo científico su trabajo como la "Ley de la Medicina que acababa de descubrir".

Mientras tanto continuaba traduciendo

  1. "Consejo al sexo femenino en general" de Grigg. Leipzig, 1791. Leipzig, Weygand, 287 páginas. Traducción del inglés al alemán en 1798.
  2. "Tratado de Química Médica y Farmacéutica", de Monro. Traducción del Inglés al alemán en 1798. Leipzig. Beer, dos volúmenes respectivamente con 480 y 472 páginas, con anotaciones. Reeditada posteriormente.

Hahnemann también escribe una gran cantidad de trabajos originales  entre los que se encuentra esta maravillosa obra:

"El amigo de la Salud". Trabajo original de dos volúmenes. El primero de 100 páginas publicado en 1792; el segundo, con 600 páginas publicado en 1795. La primera editada en Frankfurt por Fleisher y la segunda en Leipzig por Crusius.

Se trata de una obra de increíble actualidad, donde Hahnemann pone de manifiesto las necesarias medidas higiénicas que se deben tomar para preservar la salud, no sólo en términos individuales, sino también desde la perspectiva social. Hace referencia a la importancia de mantener las ciudades limpias, pide que se derriben las murallas y se sequen los fosos, que además sus calles se hagan más anchas para favorecer la circulación del aire y la llegada del sol a las viviendas, principalmente a las habitaciones donde se pasa más rato.  Propone que las prisiones sean conservadas limpias y desinfectadas, y que los prisioneros no sean confinados en celdas múltiples atestadas de individuos, ya que esto favorecería la aparición de enfermedades y el contagio. Se adelanta con estas medidas a la prevención de las epidemias que eran por aquel entonces una las causas más importante de mortalidad.

Entre otras observaciones, se encuentra su oposición al celibato como una medida importante para preservar la salud psíquica de las personas; a la vez, insta a la práctica del ejercicio al aire libre, por los beneficios de la exposición al aire y al sol, instando al lavado personal luego de la práctica. La reflexión más importante la encontramos sin dudas cuando Hahnemann plantea que la salud no puede ser obtenida sin la participación de la persona, a la que le exige que esté atenta de sí misma, se estudie y respete sus necesidades. Podemos ver que este enfoque sigue siendo justamente una de las reclamaciones más importantes que al día de hoy necesitamos plantear a nivel social. No a las personas individualmente, sino a las instituciones, que se mantienen firmes en su pretensión de no dejar espacio para la formación y concienciación de las personas en la primera e importantísima participación que el individuo debe tener en su proceso curativo. Proceso que de todos modos, por representar una necesidad de primer orden, y en relación a las dimensiones adquiridas por las patologías en nuestros días, las personas individualmente se encargan de buscar y saciar en la amplia oferta de terapias alternativas (el problema es que son de pago, están marginadas y cada vez más criticadas y perseguidas). A su vez, las flores de Bach y la homeopatía, englobadas hoy en día dentro de las terapias alternativas, son verdaderamente eficaces cuando se acompañan de la fundamental enseñanza, única herramienta que permite la partición del individuo en su proceso de curación. Y es esta enseñanza justamente la que hace que se conviertan en terapias, porque generan verdaderos procesos de anamnesis (sin amnesia), permitiendo el paso de los contenidos inconscientes a la consciencia, permitiendo asumir nuestros errores de comportamiento y promoviendo cambios decisivos y duraderos.  "El alma, obra solamente en la medida que comprende, y en esta medida, solamente se puede decir que obra por virtud. Luego la virtud absoluta del alma, consiste en comprender". Espinosa, filósofo naturalista español.

Su producción literaria seguía adelante trabajando día y noche, tal como venía haciéndolo, era su única fuente de ingresos, ya que no consta que cobrara por atender a los pacientes que le consultaban:

  1. "Léxico farmacéutico". Trabajo original publicado en cuatro volúmenes en Leipzig, Crusius. Primer volumen de la A a la E (280 páginas), publicado en 1793; Segundo volumen de la F a la K (244 páginas), publicado en 1795; Tercer volumen  de la L a la P (259 páginas), publicado en 1798; Cuarto y último volumen de la Q a la Z (498 páginas), publicado en 1799.
  2. "Algo acerca de las reacciones del vino". Trabajo original publicado en 1793, en el "Anunciador del Diario de Literatura General", número 79, página 630.
  3. "Preparación del amarillo de Cassel". Trabajo original publicado en 1793, Erfrut.
  4. "Una nueva reacción del vino y el nuevo líquido comprobador" publicado en los "Anales de la Química" de Crell, 104-112 páginas, en 1794.
  5. "Costra Láctea". Trabajo original de 701-705 páginas, publicado en 1795 en la "Biblioteca médica" volumen III. Posteriormente fue traducido al inglés y publicado en el "British Journal of Homeopathy".
  6. "Mixtura filosófica". Trabajo original, artículo en el que se ocupó de la satisfacción de los sentidos, publicado en 1795.
  7. "Dormitorio de Niño". Trabajo original, trata las medidas higiénicas propias para corregir los defectos y el desprecio de la puericultura, publicado en 1795.
  8. "La elección de un médico". Carta de respuesta a un príncipe, de 1795 "

En Molschleben nació su hijo Ernesto, el 27 de Febrero de 1794. En 1795, nacen las niñas gemelas y una de ellas no sobrevivió el parto; la otra fue bautizada con el nombre de Federica.       

Continúa publicando nuevas obras:

  1. "Descripción de Klockenbring durante su locura". Trabajo original publicado en la "Revista Mensual Alemana", en febrero de 1796.
  2. "Manuel de las madres sobre la educación de los hijos" de J.J. Rosseau, traducción del francés al alemán, publicada en 1796, Leipzig. Fleischer.
  3. "Ensayo sobre el nuevo principio para descubrir las virtudes curativas de las sustancias medicinales, seguido de algunos comentarios sobre los principios admitidos hasta nuestros días". Trabajo original, publicado en 1796, en la "Revista Médica de Hufeland". Es su primera publicación sobre la nueva doctrina médica.

Mientras tanto, en aquellos años, la medicina avanzaba con la "preparación científica" de vacunas (preparado de antígenos que una vez dentro del organismo provoca la producción de anticuerpos que darán una respuesta de defensa específica),  por parte del médico inglés Edward Jenner en 1796. Esta vacuna daría una respuesta determinante contra la viruela, que en aquellos años había producido estragos entre la población infantil.

Como todo hay que decirlo, los primeros en utilizar métodos de inoculación contra la viruela, fueron los Chinos en siglo X d.C. Lo hizo un monje taoísta, y aunque no se valió de ningún método científico acreditado (ya que no existía en la época), la observación de inmunidad adquirida por algunas personas que entraban en contacto con el virus, le resultó suficiente para curar a miles de personas. Este monje fue llevado a la capital por el primer ministro Wang Dan para implantar su método allí.

Por otro lado, la encargada de introducir dicho sistema de inoculación en occidente, fue Lady Mary Wortley Montagu, (Thoresby Hall, 26 de mayo de 1689 - 21 de agosto de 1762), una aristócrata y escritora británica. Quizás el hecho de que fuera una mujer hizo que se retrasara tanto la aceptación de sus innovaciones. Ella se hizo famosa por la publicación de sus correspondencias, cartas colmadas de ilustraciones gráficas de sus viajes a oriente, consideradas hoy fuente de inspiración de viajeras, escritoras femeninas y artistas de inspiración oriental.

Tengamos en cuenta de todos modos, que también las inoculaciones con pus de viruela se realizaron ya en 1765 en Sudamérica. Fue el fraile jandeliano chileno, Pedro Manuel Chaparro, quien practicara inoculaciones de forma sistemática, directamente con el pus de las pústulas de los enfermos, consiguiendo la inmunidad.

Hahnemann no se mantenía ajeno a estos sucesos, y manifestaba ahora que la vacuna preservaba de la enfermedad porque era también capaz de provocarla. Haciendo hincapié en que "toda acción medicamentosa, nos preserva de influencias patógenas con síntomas análogos". Pero no se pronunciaba a favor o en contra de las vacunas, manifestaba sí lo más importante según sus propios descubrimientos, la analogía de síntomas entre la fuente medicamentosas y los síntomas de la enfermedad.

Publicación de la nueva Doctrina

Hahnemann pasó 6 años estudiando los medicamentos según su nueva doctrina, (1790-1796) hasta la publicación del "Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir las virtudes curativas...". En él deja detallado todo acerca del origen de la homeopatía, haciendo especial referencia a la importancia de conocer las propiedades curativas y las virtudes de las nuevas sustancias, experimentadas en el hombre sano. Resalta el inestimable servicio que la química brinda a la medicina. Está convencido de que existen remedios para cuantas enfermedades hay.

Admitía los paliativos sólo para casos agudos, advirtiendo sobre su peligrosidad en los casos crónicos. Hace también referencia a las 3 diferentes formas de atender la enfermedad que la medicina ha utilizado:

  • Destruir o retirar las causas fundamentales de las enfermedades: Hoy diríamos en primer lugar, ignorar las causas fundamentales.
  • Suprimir los síntomas existentes por medio de medicamentos que producen el efecto contrario: Hoy en día continúa siendo la técnica oficial preferida, y el gran objetivo curativo y lucrativo de la industria farmacéutica.
  • Y en los procesos crónicos, advierte que curar radicalmente sólo es posible con el empleo de los remedios específicos (en el sentido de remedio individual, escogido según cómo sea y se sienta el enfermo y no según sea la enfermedad): Hoy en día, este enunciado de Hahnemann, sigue siendo ignorado y cualquier caso desacreditado por personas que lo desconocen por completo.

Hahnemann afirma en su trabajo respecto al conocimiento e identificación de los remedios que: "La única forma es experimentar en el organismo humano los medicamentos cuyo poder medicinal se desea conocer." "Para descubrir las verdaderas propiedades medicinales de una sustancia en las afecciones crónicas, se debe fijar la atención sobre la enfermedad artificial particular que ella ordinariamente provoca en el organismo, con el fin de adaptarla a un estado patológico muy análogo, aquel que se intenta combatir." "Para curar radicalmente ciertas afecciones crónicas, se deben procurar medicamentos que ordinariamente provoquen, en el organismo humano, una enfermedad análoga y lo más análogo posible." Este trabajo con fecha 1796 se reconoce como el origen de la homeopatía, por ser el momento en que la investigación concluye su primera y decisiva fase.

Otra observación fundamental

Para estos momentos, Hahnemann, ya había verificado que en ocasiones de utilizar los remedios con personas enfermas que presentaban síntomas análogos, existía el peligro de las fuertes agravaciones, principalmente cuando las dosis eran fuertes y frecuentes (por estos momentos aún usaba cantidades materiales de sustancias). Esta situación fue la primera observación que le indujo a plantearse prescripciones de dosis cada vez más pequeñas y con intervalos largos. Para su sorpresa, "obtuvo resultados cada vez más satisfactorios."

En esta etapa nos deja las siguientes traducciones y publicaciones de profunda y meditada inteligencia:

  1. "Caballeriza o medicina veterinaria moderna", de Taplin. Traducción del inglés al alemán, en dos partes. Leipzig. La primera parte, con 387 páginas, fue publicada en 1797, y la segunda, con 304, fue publicada en 1798.
  2. "Nueva Farmacopea", de Edimburgo. Traducción del inglés al alemán, en dos partes. Leipzig. G. Fleischer. La primera parte, con 583 páginas, fue publicada en 1797, y la segunda con 628 páginas, fue publicada en 1798.
  3. "Algo acerca de la pulverización del haba de San Ignacio". Trabajo original, publicado en 1797 en la "Revista de Farmacia de Tromnsdorft", volumen V, St.I, páginas 38-40.
  4. "Un caso de colicodinia rápidamente curado". Trabajo original, publicado en 1797 en la "Revista de Medicina de Hufeland" volumen III, St.I, páginas 138-147.
  5. "¿Serán invencibles los obstáculos a la certidumbre y a la simplicidad de la medicina práctica?". Trabajo original, publicado en 1797 en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen IV, páginas 627-762.
  6. "Antídotos de algunas sustancias vegetales heroicas". Trabajo original, publicado en 1798 en la "Revista Médica de Hufeland" , volumen V St. I, páginas 19-52.
  7. "Algunos tipos de fiebres continuas remitentes". Trabajo original, publicado en 1798 en la "Revista Médica de Hufeland", volumen V, St.I, páginas 19-52.
  8. "Algunas enfermedades periódicas de tipo hebdomadario"*. Trabajo original, publicado en 1798 en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen V, St. I, páginas 45-59.
    * Del griego "hedómada", semana. Lo que se cumple cada siete días.

Mientras residía en Konigslutter, en 1799, hubo epidemia de escarlatina y Hahnemann encontró una oportunidad para probar el valor de su nuevo sistema curativo. Por analogía de síntomas declaró que la Belladona era el medicamento que serviría para la escarlatina y que las personas afectadas por la epidemia se curarían con ella, luego de haber estado practicando curaciones que asombraban incluso a los más incrédulos. Con posterioridad al éxito alcanzado por la rapidez y efectividad con que se erradicó la escarlatina,  escribió un ensayo ocupándose de las medidas para la curación de esta  enfermedad y otros asuntos: "Pequeño opúsculo de secretos útiles", en este tratado también describe, como las personas no afectadas, evitaron el contagio tomando el remedio mientras estaban sanos. En este mismo trabajo, plantea la importancia de que los médicos reciban unos honorarios mensuales y no que el enfermo tenga que volver a pagar si necesita atención a lo largo de ese mes.

Continúan las observaciones relevantes

En trabajos posteriores, escribe por primera vez acerca de "la capacidad de un medicamento para curar diferentes tipos de enfermedades, pero no obstante, un mismo tipo de enfermos". Idea que se convierte luego en uno de los principios fundamentales de la homeopatía, curamos personas enfermas, no enfermedades

En este momento, los farmacéuticos se posicionan contrarios a Hahnemann ya que este reclamaba para los médicos el derecho a preparar sus propios medicamentos. Y los médicos lo reprobaron porque temieron que con esta forma de pago, Hahnemann se llevara toda la clientela y se enriqueciese dejándoles sin trabajo; entre otras cosas llamaron a esta idea "método  misterioso". Y como si no fuera suficiente prueba la epidemia curada exitosamente, los médicos le acusaron de hacer aparecer la Belladona como "su remedio secreto contra la escarlatina". ¿Se puede decir esto de alguien que publicaba todos sus trabajos de investigación? Los ataques fueron tan violentos y maliciosos, que pusieron en su contra al Consejero Becker, su amigo de Gotha.

Ese mismo año de 1799, durante el otoño, Hahnemann, profundamente dolido por el agresiones propinadas por sus enemigos, decidió  mudarse nuevamente con su familia. Esta vez se dirigiría a Hamburgo, abandonando con gran pesar la ciudad de Konigslutter donde la experiencia clínica de su nuevo método, se iniciara con brillo. Pero, a la altura de la aldea de Muhlhau, el carro fue imprevista y violentamente asaltado, el cochero fue arrojado fuera, Hahnemann fue agredido físicamente mientras se le ofendía e insultaba, también una de sus hijas fue golpeada y se fracturó una pierna; y su equipaje fue inutilizado. Este primitivo acto de agresión, nacido en del temor, la ignorancia y la envidia de sus enemigos, le obligó a permanecer con su familia durante seis semanas en esta aldea, y en estado de miseria, mientras se reponían del suceso. Luego se dirigió a Altona, donde fijó residencia en la casa número 65 de la calle Libertad. Y recién en 1800 llegó a Hamburgo, instalándose en San Jorge, en la calle Albertsweid número 126.

Nuevas traducciones de Hahnemann:

  1. "Thesaurus medicaminum"*. Una nueva colección de prescripciones médicas. Traducción del inglés al alemán, publicado en 1800. Leipzig.G. Fleisher (Jr)., 412 páginas con prefacio del traductor y notas firmadas con la letra "Y".
    *El "Thesaurus medicaminum" lo tradujo por solicitud del editor Fleisher, pero modificó la obra con innumerables comentarios propios que desmentían la colección y donde expresaba exactamente lo que pensaba acerca de aquellas medidas curativas sin método ni comprobaciones. La desafortunada e inusual actuación de Hahnemann, no cabe dudas que tuvo origen en un sentimiento de enfado y venganza, por la vejación sufrida; como fuere, puso fin a la relación con aquel editor.
  2. "Observaciones prácticas sobre la cura de los estrechamientos de la uretra por medio de los cáusticos", de Homo. Traducción del inglés al alemán. Leipzig G. Fleisher (Jr). 147 páginas, con anotaciones.

Mientras tanto los farmacéuticos iniciaban una causa en su contra por incumplimiento de la ley, que en aquella época como ahora prohíbe a los médicos proveer medicamentos a sus enfermos, aún de forma gratuita. Le propusieron prepararle sus medicamentos y servir sus recetas, pero ya no se fiaba de quienes habían demostrado ser sus enemigos, cómo confiar en quienes deseaban su fracaso. Era un momento de combate explícito, y los farmacéuticos le juraron venganza, las agresiones se sucedieron y Hahnemann tenía que huir de una ciudad a otra, a la carrera. Increíblemente, su grandiosa esencia se mantenía firme y fiel a la evidencia de sus descubrimientos, y sin dudas la certeza de encontrarse en el camino correcto le dio la energía necesaria para responder con integridad a las acusaciones y continuar con el estudio y la práctica de la nueva doctrina.

Fruto de continuos estudios y trabajos, publicó:

  1. "Cura y profilaxis de la escarlatina". Trabajo original, publicado en 1801, Becker, 40 páginas.
  2. "Observaciones fragmentarias sobre los elementos de la medicina de Brown". Trabajo original, publicado en 1801, en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen XII, St.2, páginas 52-76.
  3. "Sobre el valor de las pequeñas dosis de los medicamentos en general, y de la Belladona en particular". Trabajo original, publicado en 1801 en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen XIII, St. 2, páginas 153-159.
  4. "Observaciones sobre los tres métodos corrientes de tratamiento". Trabajo original, publicado en 1801, en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen II, St. 4, páginas 3-64.
  5. "Consideraciones sobre la libertad profesional en el principio del siglo XIX". Trabajo original, publicado en 1801 en el "Boletín del Imperio" no. 32.

En los primeros tiempos de la aplicación de su medicina, empleaba siempre dosis ponderables, según la posología de la medicina clásica. Su doctrina se resumían en los principios de la analogía de las manifestaciones del medicamentoso con las del enfermo. Pero poco después observó que iniciando una disminución sucesiva y cada vez mayor en las dosis empleadas conseguía mejores resultados. Así pues, la propia observación, comprobaba por una infinidad de casos análogos, lo llevó a disminuir paulatinamente las dosis, hasta llegar a lo infinitamente pequeño. Para llegar a ese punto, necesitó Hahnemann mezclar el jugo activo de las plantas con azucar de leche o con alcohol, según proporciones determinadas, y técnica original. Las dosis infinitesimales constituyeron otro motivo para ridiculizarlo y atacarlo, a pesar del resultado positivo que obtenía con su clientela.

Sus éxitos aumentaban diariamente, hecho que más contribuyó para que los envidiosos, médicos y farmacéuticos, procuraran arrastrarlo al descrédito. Verificó Hahnemann que esas pequeñas cantidades de sustancia, por menor que fueran, adquirirían poder todavía bastante suficiente para producir acción patogenética. Atribuyó este hecho a la manera de prepararlas, en la sucución que introducía (agitación de la dilución), cuyas vibraciones, admitió, desarrollaban en las sustancias poder virtual al cual debían su energía. La explicación era hipotética, pero el poder de las dosis infinitesimales era y es un hecho real.

Si el hecho de haber descubierto Hahnemann la nueva medicina le había creado un ambiente de sarcasmo e injurias dirigidas a su persona, como agresiones a sus bienes materiales, la disminución de las dosis lo condujo a una situación, que solamente una absoluta convicción científica, podía mantenerlo fiel a sus ideas.

Nuevas publicaciones de Hahnemann:

  1. "Sobre los efectos del café". Trabajo original, publicado en 1803, Leipzig. Steinacker, 56 páginas.
  2. "Sobre un remedio propuesto para la Hidrofobia". Trabajo original, publicado en 1803, en el número 71 del "Reichsanzeiger".

En 1804 Hahnemann cambió su residencia para Torgau, publicando al siguiente año:

  1. "Esculapio en la balanza". Trabajo original, publicado en 1805, Leipzig, Steinacker, 70 páginas.
  2. "Fragmenta de viribus medicamentorum positivis sive in sano corpore humano observatis". Trabajo original, publicado en Latín en 1805, Leipzig, J. A. Barthii, dos partes con 269 y 470 páginas respectivamente.

En 1834 el Dr. Quin, importante homeópata de Londres, se encargó de hacer una reedición de lujo. Mientras tanto Hahnemann, creaba nuevos trabajos y hacía más traducciones:

  1. "Materia Médica y estudios de plantas indígenas, según su aplicación económica y técnica", de Albrecht V. Hallen. Representa la última obra traducida por Hahnemann y fue editada en Leipzig en 1806.
  2. "Sobre algunos sucedáneos de la China". Trabajo original, publicado en 1806 en la "revista de Medicina de Hufeland", volumen XXIII, St. 4, páginas 27-47.
  3. "La escarlatina y la púrpura miliar son dos enfermedades muy distintas". Trabajo original, publicado en la "Revista de Medicina de Hufeland" volumen XXIV, St.I, páginas 139-146.
  4. "¿Qué es veneno? ¿Qué es medicamento?". Trabajo original publicado en 1806 en la "Revista de Medicina de Hufeland" volumen XXIV, St. 3, páginas 40-57.
  5. "Objeciones a un sucedáneo para la China y sobre los sucedáneos en general". Trabajo original, publicado en 1806, en el "Reichsanzeiger", No. 57.
  6. "La Medicina de la Experiencia". Trabajo original, publicado en 1805 en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen XXII, St.3, páginas 5-99.

Este último trabajo, "La Medicina de la Experiencia", es una verdadera obra de constatación científica del principio curativo de la homeopatía. Un trabajo de un valor incalculable, no sólo por la sabiduría puesta de manifiesto, sino también porque en ella hace una síntesis excelente de su doctrina homeopática y un amplio contenido de adelantos que ponen de relieve una vez más la condición de vanguardia de la obra de Hahnemann. En ella nos dice: "Observamos algunas enfermedades, en pequeño número, que provienen siempre de una única y misma causa. Tales son aquellas que dependen de un miasma como la viruela, la rabia, las enfermedades venéreas, la peste, la fiebre amarilla, , las vaccinosis, el sarampión, y algunas otras. Ellas tienen la particularidad de permanecer siempre semejantes a sí mismas y depender de un principio contagioso siempre idéntico, la misma marcha con algunas ligeras alteraciones provenientes de circunstancias accesorias, pero que en ninguna cosa alteran su modo". Si nos situamos en la época, año 1805, comprenderemos que Hahnemann había llegado mediante la observación exhaustiva de la experiencia, ha verificar que entre las enfermedades, algunas eran contagiosas por medio de un principio siempre idéntico para cada enfermedad, al que llamó miasma y que la microbiología más adelante llamaría microbio. El principio observado es el mismo.

Más trabajos de Hahnemann:

  1. "Indicaciones para el empleo Homeopático de los medicamentos y la práctica ordinaria". Trabajo original, publicado en 1807 en la "revista de Medicina de Hufeland", volumen XXVI, St.2, páginas 5 a 43. Éste artículo fue reproducido en las primeras tres ediciones del Organón.
  2. "La deficiencia actual de los medicamentos extranjeros". Trabajo original, publicado en 1808, en el "Indicador General Alemán", No. 297.
  3. "Algunos sucedáneos de medicamentos extranjeros". Trabajo original, publicado en 1808 en el "Allg. Anzeig. D. Deutshen", No. 263.
  4. "Valor de los sistemas especulativos en medicina". Trabajo original, publicado en 1808 en el "Allg. Anzeig. D. Deutshen", No. 263.
  5. "Carta dirigida a un médico notable sobre la necesidad de una reforma en medicina". Publicada en 1808 en el "Allg. Anzeig. d. Deutshen", No. 343.
  6. "Observaciones sobre la escarlatina". Trabajo original, publicado en 1808 en el "Allg. Anzeig. d. Deutshen", No. 160
  7. "Respuesta a una pregunta sobre la profilaxis de la escarlatina". Trabajo original, publicado en 1808 en la "Revista de Medicina de Hufeland", volumen XXVII, St. 4, páginas 153-156.

La Carta sobre la necesidad de una reforma en medicina, fue dirigida al Dr. Hufeland, su condiscípulo y amigo. En ella dice: "No puedo resistir, querido amigo, el deseo de exponeros mi entera manera de pensar y mis convicciones de que hace ya mucho pretendía hacer pública declaración." "Hace ya 18 años que me encuentro alejado de la orientación seguida por la medicina. Era un suplicio para mí marchar siempre en la oscuridad, como nuestros libros, cuando tenía que tratar a enfermos, y de prescribir según tal o cual hipótesis sobre las enfermedades, cosas arbitrarias en la materia médica. Mi consciencia repelía tratar casos morbosos ignorados, de mis hermanos dolientes, con esos medicamentos desconocidos, que, en su calidad de sustancias muy activas, pueden, cuando no hayan sido escogidos por medio de una rigurosa selección, lo que el médico difícilmente podrá hacer mientras no conoce todavía sus efectos propios, fácilmente, hacer pasar de la vida a la muerte, o producir afecciones nuevas y males crónicos, muchas veces más difíciles de combatir que la misma enfermedad primitiva. Tornarme así en el asesino o verdugo de mis hermanos era para mí una idea tan horrible, y tan deprimente que, en los primeros tiempos de mi casamiento, renuncié a la práctica para no exponerme más a perjudicar a otros y pasé a ocuparme, exclusivamente, de química y trabajos literarios."

Fue también en este año de 1808, que su hijo Federico de 22 años marcha a Leipzig, a estudiar medicina. Aunque habían nacido antes que él dos mujeres, recordemos que en aquellos tiempos la posibilidad de estudiar estaba reservada a los hombres; las mujeres tristemente, sólo se preparaban para el matrimonio. Y digo tristemente, consciente de que en aquellos tiempos, y con estas condiciones, infinidad de mujeres sufrirían el sometimiento que conlleva no poder realizar tus propios deseos. Este joven era buen estudiante, excelente orador y tenía facilidad para los idiomas, todo ello a pesar de poseer una salud frágil y sufrir escoliosis. Seguramente también las hijas habrían heredado algo de la brillantez de su padre y la lucha de su madre.

Sin dudas 1808 fue un año de grandes sucesos, como decía antes, en aquellos tiempos se festejaba que un hombre pudiera capacitarse en una universidad, y se festejaba que una hija se casara con un buen partido, por lo que en las biografías de Hahnemann encontraremos que las referencias a las numerosas hijas del sabio, hablan de sus matrimonios y las actuaciones de esos hombres, en ningún caso las actuaciones propias de ellas. Así Enriqueta, la mayor, se casó con el pastor protestante Cristiano Federico Forester, se mudó Grosslemungen, y tuvieron cuatro hijos, Luis, Roberto, Adelaida y Angelina. El primero se dedicó al comercio, el segundo a la agricultura, la tercera no se casó, y por lo tanto parece que no se dedicó a nada ni tuvo vida, y la cuarta se casó con el Sr. Stolberg, está sí que existió socialmente, estaba con un señor. Enriqueta, habiendo enviudado, pasó el resto de su vida en Hars, Dresdorf, cerca de Sangerhausen.

La segunda de la hijas, Guillermina, también fue afortunada y encontró marido, y se casó ese mismo año con el maestro Richter, de Gera. Tuvo sólo un hijo, Segismundo. Ella murió muy joven, a los 30 años de edad en 1818.

En esta época, por fin, Hahnemann comenzaría a vivir un  tiempo de reconocimiento y fama. Su trabajo era difundido y trascendía las fronteras de Alemania, cobrando gran interés por la asombrosa efectividad de su sistema. Había aumentado su clientela, y mucha gente se acercaba a su casa provenientes de lejanos sitios, esperando la curación con los recursos científicos de Hahnemann.

Sus siguientes publicaciones son:

  1. Consejos de un aspirante al doctorado”. Publicado en 1809 en el “Allgemeine Anzeiger der Deutshen”, No. 227. Donde demuestra el enfoque incompetente de la enseñanza que se ofrecía, en esta publicación hace referencia a todas aquellas observaciones en cuanto a las carencias clínicas de sus años de estudiante, subsanada con la práctica de clínica que realizó por su cuenta en Viena.
  2. La fiebre reinante”. Publicado en 1809 en el “Allgemeine Anzeiger der Deutshen”, No. 261.
  3. Señales de las épocas en el sistema ordinario de medicina”. Publicado en 1809 en el “Allgemeine Anzeiger der Deutshen”, No. 336.

Nace el Órganon

  • En 1810, y según era su costumbre, decide publicar los adelantos avanzados sobre su nueva doctrina, bajo el nombre de: “Organon de la Medicina Racional”, así llamado en su primera edición hecha en Dresde, Arnold, 222 páginas. Libro que se convertiría luego en su obra primordial:
  • La segunda edición fue publicada en 1819, con el título “Organon de la Medicina”, título que conservó en las demás ediciones. Contenía 371 páginas.
  • La tercera edición fue publicada en 1824, XXIV-281 páginas.
  • La cuarta edición fue editada en 1829, XVI-307 páginas.
  • La quinta edición vino a la luz de la publicidad en 1833, XXII-304 páginas.
  • Existe una sexta edición publicada después de su muerte.

En 1811, el “Periódico de Medicina y Cirugía”, en el que colaboraban los médicos más destacados de Alemania, se posicionó a favor de Hahnemann, manifestando admiración por su valor y por la indudable confianza en sí mismo que había demostrado creyendo en sus descubrimientos. Y muchos médicos de corazón sensible y mente liberal,  adhirieron a “La ley de la semejanza”, por ser precisa y estar debidamente demostrada en la práctica. Pero los elogios a su persona, para nada defendían la homeopatía, y los ataques al Organon se sucedieron uno tras otro. Aún habría de surgir un tercer grupo de médicos, los que Hahnemann llamó semihomeópatas e irracionales (los médicos convencionales que se decantan por la homeopatía, pero en cuento no saben qué hacer, utilizan los remedios clásicos), porque pretendían utilizar los dos métodos, a pesar de ser estos contrarios. En defensa de su obra, publicó ese mismo año "Anticrítica", donde recuerda que tanto Galileo, como William Harvey* y muchos otros hombres de genio no fueron comprendidos por sus contemporáneos y que "el destino común reservado a los innovadores es el de tornarse desconocidos".
*nota del autor: W. Harvey, notable médico inglés, que en 1628 demostró la circulación en su inmortal obra: “De motu cordis et sanguinis in animalibus”.

La materia médica

  • Ese mismo año 1811, publica la: "Materia Médica Pura", con 248 páginas y 12 medicamentos. Primer tomo.
  • En 1816 publica el: Segundo tomo con 396 páginas y 11 medicamentos.
  • En 1816 publica el: Tercero tomo con 288 páginas y  8 medicamentos.
  • En 1818 publica el: Cuarto tomo, con 284 páginas y 12 medicamentos.
  • En 1819 publica el: Quinto tomo, con 306 páginas y 11 medicamentos.
  • En 1821 publica el: Quinto tomo, con 255 páginas y 10 medicamentos.

Un total de 64 patogenesias experimentadas en el hombre sano, con la ayuda de Ahner, Antón, Backer, Becher, Caluss, Cubitz, Franz, Gross, Gunther, Gutmann, Federico Hahnemann, Harnish, Hartmann, Hartung, Haynel, Hempel, Herrman, Hornburg, Kummer, Langhammer, los dos Lehmann, Meyer, Michler, Mockel, Mossdorf, Rosazewsky, los dos Rückert, Stapf, Tenthorn, Yrban, Wagner, Whale, Walther, Wenzel, y Wislicenus.

  • En 1823 y 1830, segunda y tercera edición aumentadas, Tomo I.
  • En 1824 y 1833, segunda y tercera edición aumentadas, Tomo II.
  • En 1825 y 1933, segunda y una tercera edición aumentadas, Tomo III.
  • En 1825, segunda edición aumentada, Tomo IV.
  • En 1826, segunda edición aumentada, Tomo V.
  • En 1826, segunda edición aumentada, Tomo VI.

Cada nueva edición contenía los mismos remedios que la edición original, excepto el sexto tomo donde introdujo Ambra grisea, Carbo animalis, y Carbo vegetabilis por primera vez.

Cinco de los 27 medicamentos presentados primeramente en “Fragmenta de viribus medicamentorum positivis sive in sano corpore observatis”, no fueron introducidos en la Materia Médica Pura. Cuprum, y Mezereum fueron reproducidos en su libro de las "Enfermedades Crónicas". Cantharis fue reproducido en la Materia Médica de Hartlaub y Trinks. Copaifera, en la “Enciclopedia de la Materia Medica Pura”, por el Dr. Timothy F. Allen. Y Valeriana fue adjuntada a la Materia Médica de Stapf. 

Primer Congreso de Homeopatía

En 1829, Hahnemann cumplía los 50 años de su doctorado, su jubileo científico. Por tal motivo sus discípulos, amigos y clientes, tuvieron la idea de realizar una fiesta a lo grande el 10 de agosto. Con tal motivo la Facultad de Medicina de la Universidad de Erlangen, donde él se diplomara en 1779, envió un Diploma de Honor, recordando su tesis doctoral.

Para la ocasión asistieron más de 400 personas, que llegaron de todas partes de Europa. Los hoteles de  Kötten no pudieron cubrir la totalidad de la demanda. El programa de la fiesta fue escrito en latín y asistieron numerosos médicos extranjeros, que coincidían con las ideas Hahnemann.  Se preparó una solemne conmemoración en honor al mérito de quien fuera el único médico capaz de dar una doctrina completa, tangible y verdadera a la medicina, y por ello considerado el más notable de los médicos.

Entre los presentes que recibió, se encuentra una edición de lujo de los "Pequeños Escritos Médicos de Hahnemann", ofrecida por amigo y discípulo Stapf. Este único ejemplar fue heredado por el Dr. Leopoldo Sauss Hahnemann, hijo de su hija Amelia. El escultor Dietrich de Leipzig, le homenajeó con un busto; el pintor Schopper de Berlín, le pintó un retrato al óleo, y también le grabaron una medalla conmemorativa con su perfil. A todas las manifestaciones se unieron los Duques de D´Anhalt. Además, ese mismo día se celebró un Congreso de Homeópatas, con la participación de Hahnemann. Se presentaron y trataron diferentes asuntos, uno de los más importantes referido a la mezcla de los medicamentos, que Hahnemann a poco de iniciarse en esta andadura, rechazó con rotundidad, después que algunos de sus discípulos le plantearan que esto era un grave error que debía rectificar. Así queda registrado que este fue el primer Congreso de Homeopatía. También se discutió la reunión de fondos para la creación de un Hospital Homeopático, tal como era deseo de Hahnemann, para lo que se acordó el pago de una cuota y una reunión anual cada 10 de agosto. Nos hace felices pensar que luego de tanta persecución, al menos Hahnemann logró conocer en vida la merecida gloria del reconocimiento.

El 31 de marzo de 1830, falleció su esposa Juana Leopoldina Enriqueta Hahnemann. La enfermedad que le aquejaba se presentó de imprevisto esa primavera; ya la había padecido antes en 1827, se trataba de un catarro de tráquea en esta ocasión agravado por una úlcera. Tenía 67 años de edad, 10 años menos que su marido. Ella no era consciente de la gravedad de su salud, ni tampoco los amigos más íntimos de la familia como la Duquesa D´Anhalt. Murió cuidada y acompañada por su familia, que nada pudo hacer para remediar el mal.

En 1831, un año después del fallecimiento su esposa y su benefactor el Duque Fernando, publicó:

  1. La Aloptía, una palabra de advertencia a los enfermos”. Leipzig, Baumgartner, 32 páginas.
  2. Una advertencia a los filántropos sobre la infección del cólera asiático”. Leipzig, Berger, 20 páginas.
  3. Sobre el tratamiento preventivo y curativo del cólera asiático”.  Kötten. Aue.
  4. Carta sobre la curación del cólera”. Berlín. Aug. Hirschwand, 15 páginas.

Si bien el volumen de la publicación sobre el cólera asiático es reducido, no por ello es menos preciso, como siempre, la sagacidad de sus observaciones fue brillante. Hahnemann describió la sintomatología y la terapéutica a emplear, además de sugerir Cuprum met. y Veratrum album en la profilaxis individual.  Y en la terapéutica clínica aconsejó: Camphora, Cuprum met., Veratrum album, Rhus tox., Bryonia alb., Phosphorus y Phosphoic acidum, según el método de selección de la  medicina homeopática. Con la homeopatía se registraban 2 muertes cada 49 enfermos, mientras la alopatía registraba 2 muertes  cada 5 enfermos, un dato que habla por sí mismo.

Sostenía Hahnemann la teoría del contagio, a pesar de conocerse la presencia de microorganismo infecciosos y no ser utilizado aún el microscopio, como actualmente lo es, conocimientos que llevaron a Pasteur a llamar microbio a lo que Hahnemann llamó miasma. Sin embargo, por sus estudios y observaciones, Hahnemann intuyó el microbio y afirmó la existencia de un producto contagioso, con observaciones más avanzadas. Como dice el Dr. Richard Haehl: "No obstante esto, el conocimiento de miasma  de Hahnemann, va más allá del microbio, llega al virus filtrante, al ultravirus  de las modernas concepciones".

En 1832, publicó: ”Sobre la curación del cólera”, una obra provista de un apéndice. Nurnberg, Stein. Y “Observaciones sobre la atenuación extremada de los medicamentos homeopáticos”.

En 1833 publicó Hahnemann: “Repetición de un medicamento homeopático” y “Ejemplos de tratamientos homeopáticos”. Y en 1835: "¿Será posible una alianza entre la Homeopatía y la Alopatía?”.

Como podemos ver, Hahnemann ya en este momento da respuesta a las preguntas más frecuentes en torno al método homeopático, un tema que por su importancia está profundamente tratado en el Organon de la Medicina y también el tratado de las Enfermedades Crónicas. Por otro lado, en esta publicación sobre una posible alianza entre alopatía y homeopatía, él negó tal posibilidad y así pensaron sus mejores discípulos en esta época, como muchos en la actualidad. Personalmente, siento que la unificación es algo que debería ocurrir para bien de la humanidad. Sé que en sí es posible, sólo hace falta que los hombres y las mujeres del futuro cambien su actitud, modifiquen sus niveles de consciencia, y consigan positivizar sus sentimientos y pensamientos; entonces, también los actos de los seres humanos serán positivos y virtuosos, y surgirá la conciliación en pos del desarrollo del ser humano y no de la economía de unos pocos.

En 1834, surgen cambios importantes en su vida privada. Hahnemann recibe en su consulta de Kötten, a una joven francesa, la señorita D´Hervilly. La cual había llegado hasta ahí en un carro, sola y vistiendo ropas masculinas para evitar malos incidentes. La mujer buscaba entrevistarse con Hahnemann a causa de sus problemas pulmonares. Hoy en día, los historiadores coinciden en pensar que no había ninguna enfermedad real, que fuera la causa de su visita. Su presencia ante Hahnemann se cree, fue motivada por la curiosidad de conocer personalmente al creador de la nueva y revolucionaria medicina que tan fuertemente había conquistado seguidores en Europa. Esta mujer lo conquisto y consiguió que él estuviera dispuesto a casarse con ella y trasladarse a Francia.

Hahnemann se trasladó a París, acompañado por su nueva esposa, la nueva señora Hahnemann D´Hervilly. Su llegada sembró dudas y temores entre  los alópatas, que se sintieron amenazados por su presencia. Era el médico más famoso y relevante de toda Europa, y traía los últimos descubrimientos. Era comprensible que temieran perder su clientela sí de verdad su sistema curativo era mejor. Ante esta posibilidad, intentaron defenderse gestionando que se prohibiera a Hahnemann ejercer en su territorio.

Qué triste y patético es el ser humano cuando las emociones negativas prevalecen por encima de sus virtudes. ¿No era acaso más razonable, abrir la mente y estar dispuestos a comprobar la eficacia del nuevo sistema? ¿No se trataba, entonces como ahora, de constatar qué es mejor, para el enfermo que se debilita y sufre? Pero es evidente que no era esta su preocupación, sólo pensaban en que podían perder su clientela.  E indirectamente, de esta forma aceptaban que había una nueva medicina, aparentemente mejor, superior a la existente, ya que quienes la probaban se acogían a ella, antes como ahora. Los alópatas, motivados por sus temores, se dirigieron al Ministro de Instrucción Pública, pidiendo la inhabilitación de Hahnemann como médico en Francia.

El ministro Gizot, había recibido anteriormente una solicitud por parte de la Sociedad de Homeópatas para abrir hospitales homeopáticos en Francia, en aquella ocasión, el ministro solicitó a la Academia de Medicina un informe con su opinión sobre dicha posibilidad. La Academia respondió de esta manera a la solicitud del ministro: "La homeopatía que se presenta en este momento como una novedad y que pretende revestirse de prestigio, no es cosa nueva ni para la ciencia ni para el arte. Hace más de 25 años que vaga sin destino, primeramente en Alemania, enseguida en Prusia, posteriormente en Italia, actualmente en Francia, procurando por todas partes, siempre en vano introducirse en la medicina".

A lo que Hahnemann respondió, "La homeopatía es medicina. No debemos confundirnos, la homeopatía no pretende introducirse en la medicina, pretende introducirse en el marco legal". Luego de sus primeros 25 años de condena y persecución, fue aceptada y protegida en Kötten, donde demostró que estando al amparo de la ley, podía, crecer y convertirse en una medicina floreciente, amada y protegida por sus usuarios.

Los médicos de la academia, usaron a su favor el propio argumento persecutorio, del que Hahnemann y la homeopatía siempre fueron víctimas, sin que nunca en realidad, se les concediera el derecho que hoy llamamos Presunción de Inocencia. La Homeopatía siempre fue juzgada y condenada sin juicio, sin lugar a una defensa justa y sin que se respetara en ningún momento su posibilidad de ser inocente ante todos los cargos impuestos.

Los años continuaron su curso,y Hahnemann se mantuvo en pie con sus actividades, siempre bajo el cuidado de su esposa que según indican los historiadores, supo estar atenta, solucionar todas su necesidades y reconfortarlo afectivamente. A pesar de esta buena situación, un mal crónico avanzaba ganando terreno sobre su cuerpo anciano, y tal como ocurría en las primaveras de los últimos años (no sabemos exactamente desde cuándo), en abril de 1843, se presentó la bronquitis que siempre le atacaba en esa época. Habitualmente él se atendía y solucionaba el problema, pero en esta ocasión la situación se complicó y no sólo requirió la ayuda de su esposa, sino que solicitó que le atendiera el Dr. Chatran. La bronquitis se define como una enfermedad asociada a una exposición prolongada a agentes irritantes no específicos. Cualquiera que haya estudiado la vida de Hahnemann, sabe que inició su trabajo en la nueva medicina, expuesto a la irritante presión de sus opositores, detractores y difamadores, que tanto daño le hicieron. Agentes irritantes agresivos que reanudaban una y otra vez su hostigación sin desaparecer nunca, a pesar de las irrefutables evidencias de su descubrimiento. Cuando la bronquitis se vuelve crónica, se observa esta misma situación, la inflamación se produce una y otra vez, sin que el problema pueda ser solucionado. Recordemos que Hahnemann, no logro entenderse con sus detractores, y consiguió paz a costa de huir, aguantar y callar, para evitar el agotamiento que estaba sufriendo, pero sin poder curar plena y verdaderamente los sentimientos de cólera y dolor que le producían (es en estas situaciones cuando los remedios Bach se tornan insustituibles, ya que permiten trabajar de forma individual cada componente emocional implicado). Tal como analizamos a lo largo de todos los temarios de nuestro botiquín homeopático, la condición más importante para curar un proceso patológico es entender profundamente su causa. Para ello se vuelve necesario, en esta, como en cada oportunidad que tengamos, analizar sí las circunstancias de la vida coinciden en su estructura, con la estructura del proceso de enfermedad que desarrollamos. ¡Nos sorprenderá ver cuántas "coincidencias" hay! Es la forma que tendremos de constatar los enunciados hechos acerca de las causas profundas e inmateriales de las enfermedades (quizás luego deseemos releer el temario sobre síntomas de catarro y gripe).

Enfermedad y muerte del Doctor Hahnemann

En Junio de 1843 y temiendo lo peor ante la enfermedad de su marido, Mélanie avisó a las hijas de Hahnemann sobre la delicada situación de su padre. Pronto se presentó Amelia y su hijo Leopoldo, pero desafortunadamente, no le permitieron ver a su padre, porque temían que: la fuerte emoción del encuentro, pudiera acelerar su muerte. Un grave error en el que se incurre habitualmente, cada vez que no se permite al enfermo participar de la verdad, y tomar parte acerca de las decisiones personales que le afectarán directamente. ¿No merecía acaso Hahnemann saber que tenía posibilidades de ver y despedir a su hija más querida y su nieto, y decidir él mismo qué hacer? Que otras personas dispongan por nosotros es lo peor que nos puede ocurrir, y más cuando estamos prontos a morir, ya no habrá más oportunidades. Era su última posibilidad de ver a Amelia, y probablemente, con su estado de lucidez y el conocimiento de las enfermedades, es seguro que Hahnemann valoraba la probabilidad de una muerte inminente. Por otro lado, habiendo sido él un hombre que a lo largo de toda su vida, estuvo siempre dispuesto a ocuparse de cubrir las necesidades de sus hijas, resulta difícil dejar de pensar, que mantener a Amelia alejada de su padre en el último mes de su vida, no haya respondido a los temores personales de Mélanie, de que este cambiara a último momento su testamento, asegurándose que una justa parte de sus bienes sirviera para garantizar al menos los estudios de su nieto Leopoldo Suss.

El Dr. Samuel Hahnemann, el gran sabio, el vanguardista y revolucionario padre de la Medicina Homeopática, murió a las 5 de madrugada del 2 de julio en su propio domicilio; a los 88 años, con sus funciones intelectuales aún enteras y fuertes. Se encontraban presentes su esposa, su querida hija Amelia, su nieto Leopoldo Suss y sus queridos discípulos y amigos. El Dr. Jahr, se encargó de atenderlo en los últimos momentos, y junto con el Dr. Croserio, levantaron el acta de defunción.

Bibliografia

  1. Dr. Richard Haehl, un alemán de Stuttgard, autor del libro "Samuel Hahnemann, su vida y su obra". Este médico realizó un riguroso trabajo de investigación y recopilación de cuanto material acreditativo encontró, para justificar sus referencias. Fue publicado inicialmente en alemán en 1922 y traducido luego al Inglés por los Drs. J.H. Clarke y F.J. Wheeler en 1926 (ed. London Homeopathic Publishing Company). Unos años más adelante, Wheeler creó el Repertorio de las Flores de Bach, que acompaña la edición del libro "Cúrese Ud. mismo" del Dr. Edward Bach. Obra que presentara Bach ante la comunidad médica homeópata, como la continuación de la obra de Hahnemann.
  2. Cours d´Homéopathie, Dr. La Pommeralis
  3. Conférences sur Homéopathie, Dr. Granier
  4. Etudes de médecine Homéopathique, Dr. Samuel Hahnemann