· 8 de Marzo - El día de las Mujeres ·

La lucha por la igualdad de derechos y oportunidades

Hace poco escribía que las mujeres no podemos bajar la guardia, no podemos adormecernos en el atractivo pensamiento de que la igualdad entre hombres y mujeres ya está resuelta, existe y es verdad... no, no podemos. Sería genial tenerlo todo resuelto, pero aún nos quedan unas cuantas cosas por conseguir.

En Navarra, según se cita en un artículo sobre "Si en tiempo es vida, ¿cuánta vida tiene tu día?", las últimas cifras oficiales publicadas por el diario de noticias el 4 de marzo de 2018, las mujeres tenemos una tasa de actividad laboral casi un 10% menor a la de los hombres, cobramos un 28,4% menos que ellos y trabajamos en casa 4:10 horas al día, frente a las 2:36 horas que invierten los varones. Y en relación a estos datos que en sí mismos ya son muy malos, me surge la pregunta acerca de la realidad de esas más de dos horas y media que los hombres invierten en casa al día!!. Creo que una de las cosas que mejor hacen ellos en relación a las tareas de casa, es intentar convencernos de que no hace falta hacer tanto. Vamos, que somos nosotras algo así como maniáticas del orden y la pulcritud. Me refiero a que he oído muchas veces eso de, "Tienes que relajarte con la limpieza" o, "Para qué vamos a quitar el polvo y si se volverá a juntar", u "¿Otra vez hay que cambiar las sábanas, si llevan sólo dos semanas?" Y cuando no es esto, es el mal humor que los posee apenas llevan unas horas del bendito fin de semana dedicadas a las tareas del hogar... Realmente me cuesta ver esas más de 2 horas y medias que dicen que dedican a la casa al día. Pero bueno, siento que esto de compartir las tareas, con el tiempo y la educación que ya se ha iniciado en este sentido, llegará. Estoy segura que mis nietas tendrán compañeros mejor preparados y enseñados para compartir la realidad de llevar con cariño y dedicación una casa y una familia adelante.

La estructura de un modelo social igualitario en obligaciones y derechos para hombres y mujeres, para nuestra civilización europea, está en marcha. Y si bien es cierto tal y como advierte el Foro Económico Mundial, que si tenemos en cuenta todo el conjunto de países, sólo algunos avanzamos hacia la igualdad,  lo más duro, es tener que tragar con eso de que "todavía ninguno ha enmendado esta brecha totalmente". En nuestra sociedad resulta algo así como una forma más de mal trato, por parte de los políticos que lo frenan. Algo inadmisible, por lo que aún toca salir a asumir esos roles de lucha activa y reivindicadora, que consigan cambiar las leyes laborales a favor de una verdadera igualdad de oportunidades a todo tipo de trabajo con igualdad de retribuciones. Es necesario acabar con las segregaciones horizontales y verticales de las que somos víctimas. Y hablo de conseguir al menos esa parte de las reformas a nivel de leyes laborales, porque ya sabemos que luego de conseguirlas, nos tocará esperar, y no de manos cruzadas,  un par de generaciones a que las estructuras psíquicas se acomoden a esos cambios y la conducta, tanto de hombres como de mujeres, fluya en el sentido de la igualdad. Pero a nosotras ahora nos toca conseguir terminar de solucionar esta parte del conflicto, la reforma estructural, el cambio de la leyes, por eso os animo a todas a participar de la huelga del día 8 de marzo.

Estamos en un momento en el que el péndulo se sitúa en uno de los extremos, llevamos así poco más de dos siglos, cuando surgieron los primeros movimientos feministas a nivel mundial. Un movimiento con fuerza política, cultural, económica y social que logró abrir el camino de la independencia de las mujeres hacia la tan deseada igualdad de derechos entre géneros. Esas mujeres valientes se atrevieron a cuestionar la dominación y la violencia de los hombres sobre las mujeres y la violencia en general, además de la asignación de roles sociales por género, en tiempos en que el autoritarismo de los varones se imponía. Y es bueno recordar que hemos conseguido grandes cambios como el derecho a la educación, aunque hoy la idea parece increíble, haber tenido que salir a luchar por un derecho tan básico que aún no existe para todas las mujeres, las primeras ciudades en exigir la educación primaria para las niñas fueron Wittemberg en Alemania y Ginebra en Suiza en el siglo XVI, aunque se trataba de una educación adaptada a una mujer cuyo único rol era el matrimonio y la reproducción... pero empezamos a gozar del derecho a leer y escribir sin el cual es tan fácil manipular y someter; el derecho al voto, que en Finlandia se consiguió en 1906, en Reino Unido en 1918, en EEUU en 1920 y en España en 1931, ayer; el derecho al trabajo, en España la población femenina pasó de representar el 16% de la población activa total en 1950 a ser el 28,5% en 1975, nuevamente, comenzamos a realizar un trabajo remunerado ayer; el derecho a la igualdad ante la ley,  hasta el siglo XIX la mayoría de países mantenían la tutela permanente de la mujer por parte de su padre y el marido después, hay que tener en cuenta que el Código civil francés, que sirvió de referencia para la mayoría de las legislaciones europeas establecía en artículo 213 que "el marido debe protección a la mujer y la mujer debe obediencia a su marido", y Napoleón consiguió que en el momento del casamiento se leyera públicamente este texto, justificándose en que las mujeres estaban olvidando su condición de inferioridad. En España, y hasta 1989, la agresión a la mujer, incluso la violación, no era considerada agresión a la mujer, sino contra las costumbres y el honor y se consideraban más las repercusiones que el hecho tenía sobre la familia que sobre ella. La mujer tenía que enfrentarse al delito siendo considerada responsable del mismo. En el artículo 324 de Código Penal francés que también sirvió de referencia para toda Europa, se recogía que, "es excusable el asesinato de la esposa y/o cómplice cometido por el marido, si los sorprende en flagrante delito en el domicilio conyugal". La autoridad del marido ante el adulterio estuvo recogida en nuestra legislación hasta 1963 a través de la figura del uxoricidio, y se amplió a la figura paterna y a hermanos de la mujer, con lo que quedaba claro que la mujer era más bien una propiedad que una persona; y también se ha avanzado sobre los derechos reproductivos, aquellos que otorgan a la mujer libertad y autonomía para decidir si quiere tener hijos o no, cuántos, en qué momento y con quién. El concepto de Derechos Reproductivos, nace en el marco de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud en la Conferencia de Teherán de 1968, ayer. Considero saludable recordar estos hitos que representan verdaderos avances históricos a favor de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, como así también, que ocurrieron ayer. Porque esto significa que el estigma del dominio y el sometimiento subyace aún en nuestra psique jugándonos en contra,  ...y estos grandes logros no se han conseguido no en todos los países, ya que de los 198 que existen actualmente en la tierra, 67 sufren graves desigualdades de género, y no garantizan la libertad de sus mujeres ni sus derechos.

Sin embargo las mujeres, no debemos caer en la trampa de llevar adelante esta lucha con roles masculinos, ya no necesitamos soñar con ser uno de ellos, sabemos que nuestros grandes objetivos los hemos conseguido nosotras, las mujeres, y lo hemos hecho prácticamente solas. Las mujeres tenemos que rescatar nuestro espiritual poder femenino y hacerlo valer. Es verdad que la mujer moderna todavía debe abrirse paso a dentelladas si realmente quiere demostrar que es igual de valiosa que cualquier hombre, lo cual la induce a adoptar actitudes agresivas, masculinas, de extrema actividad y autoafirmación. Pero esto nos agota, nos estresa, nos deja inmersas en el conflicto de tener que hacer, no lo que sentimos, si no lo que la sociedad nos presiona a hacer. Y la sociedad refleja aún un modelo masculino porque fue construida por los hombres, y no está totalmente reconstruida. Nosotras tenemos que hacerlo, tenemos que insertar en esta nueva sociedad la cara femenina, dotada de atributos que bien poco se han valorado en la sociedad de los hombres, como las emociones, la sensibilidad, la intuición, la capacidad de acoger, de llegar al todo a partir de una pequeña parte, la capacidad de crear, de esa manera tan medida y tan acorde con la vida, que no tiene nada que ver con producir a destajo, las formas masculinas de la sociedad de los hombres. Necesitamos rescatar esa esencia espiritual, pacífica, generosa y poderosa por la que fuimos veneradas 2,85 millones de años, y que toda mujer lleva dentro como arquetipo de la feminidad, de lo contrario, el conflicto interior por la ausencia de identidad y unidad, no hará enfermar. No necesitamos ser hombres, sólo mujeres libres!